Ciudad de México, mayo 27, 2024 23:10
Dar la Vuelta Opinión Revista Digital Marzo 2023

DAR LA VUELTA / La casa de la Araucaria

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“Por mucho tiempo, la casa estuvo deshabitada y en el olvido. Era tal el abandono que parecía que la casa no tendría otro destino que venirse abajo con el peso de los años. Las plantas que alguna vez habían florecido en el jardín se habían convertido en ramas secas. Las enredaderas crecieron aferrándose a la reja de su fachada y la inclinaban peligrosamente”.

POR ERNESTO LEE

En el número 54 de la calle Goya, en la colonia Insurgentes Mixcoac, se localiza una antigua casona cuyo diseño arquitectónico se atribuye al gran arquitecto, ingeniero y restaurador mexicano Antonio Rivas Mercado (Tepic, 1853 – Ciudad de México, 1927).

El arquitecto Rivas Mercado es el autor de importantes obras que datan de la época del porfiriato como el monumento a la Independencia en el Paseo de la Reforma, mejor conocido como el Ángel de la Independencia (1910); la casa ubicada en la calle de Londres número 6 (1904), que actualmente alberga el Museo de Cera de la Ciudad de México; la residencia familiar de los Rivas Mercado en calle Héroes 45, en la colonia Guerrero de la Ciudad de México (1897), misma que estuvo a punto de perderse pero que después de una larga restauración abrió sus puertas en 2017 como museo y centro para actividades culturales; y el elegante Teatro Juárez, en la ciudad de Guanajuato (1910).

Si bien es cierto que la conocida como la Casa de la Araucaria de Mixcoac no figura entre las obras más emblemáticas del arquitecto Rivas Mercado, este inmueble posee todas las características para catalogarlo como una gran residencia del porfiriato.

Deshabitada por mucho tiempo, esta construcción debe su apelativo a la araucaria (Araucaria bidwillii Hook) de más de cien años y una altura de casi 30 metros, que crece en su patio interior.

Por mucho tiempo, la casa estuvo deshabitada y en el olvido. Era tal el abandono que parecía que la casa no tendría otro destino que venirse abajo con el peso de los años. Las plantas que alguna vez habían florecido en el jardín se habían convertido en ramas secas. Las enredaderas crecieron aferrándose a la reja de su fachada y la inclinaban peligrosamente. Entre el matorral de hojas secas se alcanzaba a distinguir un pórtico, al que se accedía por una pequeña escalera central, y algunas puertas con los cristales rotos, pero con postigos de madera que impedían ver el interior. El pórtico, de columnas cuadradas, estaba rematado por un frontón cuyas tejas estaban a punto de desprenderse. El polvo acumulado por años lo coloreaba todo de gris.

Pero un día todo empezó a cambiar, llegaron trabajadores que se dieron a la tarea de desbrozar el jardín y limpiar la casa y poco después iniciaron los trabajos de restauración que, en un breve tiempo, devolvieron a esta propiedad su brillo de otras épocas.

Fue gracias a la generosidad de la Fundación Alfredo Harp Helú que la Casa de la Araucaria fue restaurada. Desde 2012, este inmueble ha sido la sede de la Biblioteca BS-IBBY México, llamada así por la unión de la Biblioteca Santiago y la Asociación IBBY México, afiliada a IBBY (International Board on Books for Young people), cuya misión es promover la literatura infantil y garantizar el acceso de la infancia a los libros.

Hoy, la Casa de la Araucaria cuenta con una biblioteca para niños, librería especializada en literatura infantil y juvenil, auditorio y espacios para talleres y eventos. El inmueble, en el que se pueden apreciar los mosaicos, barandales y puertas originales, posee un gran corredor alrededor de un patio-jardín central que llena de luz todos los espacios y en cuyo centro crece, majestuosa y centenaria, la araucaria.

Hasta hace muy poco tiempo, la Biblioteca IBBY también contaba con un restaurante donde se podía desayunar, comer o simplemente tomar un buen café en la terraza o bajo la sombra de los árboles del jardín. Era un lugar frecuentado por vecinos, estudiantes y por los propios visitantes de la biblioteca. Ojalá que pronto vuelva a tener un restaurante o cafetería que brinde a los comensales la posibilidad disfrutar de ese espacio al aire libre, como seguramente lo hicieron quienes ahí vivieron el siglo pasado.

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