Defiende Rubalcava decorado del Metro Hidalgo; ‘hasta dan ganas de hablar francés’, dice
El "nuevo" Metro Hidalgo. El Versalles de la Guerrero. Ilustración: especial.
Ante las intensas burlas y fotomontajes de los usuarios por nuevo decorado de la estación Hidalgo, el director del STC federaliza el humor y convoca a un concurso de fotos de época.
Usuarios contrastan la suntuosidad de la nueva decoración con las fallas crónicas del servicio, las goteras y los retrasos en las líneas del transporte subterráneo.
STAFF/LIBRE EN EL SUIR
El surrealismo urbano de la Ciudad de México ha alcanzado su máxima expresión en los andenes de la estación Hidalgo. Como parte de las obras de remodelación de veinte estaciones de la red profunda, previas al arranque del Mundial de Futbol, las autoridades decidieron que la mejor manera de dignificar el transporte público era dotarlo de un inesperado aire de palacio europeo.
La aparición de luminarias decorativas de luz ámbar, con bases de curvas, volutas y relieves dorados brillantes, ha dejado atónitos a los miles de pasajeros que diariamente transitan por este transbordo de las líneas 2 y 3. El contraste entre la infraestructura deteriorada y los acabados barrocos encendió de inmediato las plataformas digitales, donde el ingenio popular rebautizó el sitio como “El Palacio de Versalles de la Guerrero”.
En cuestión de horas, la estación se convirtió en el escenario principal de fotomontajes donde aristócratas con pelucas empolvadas y vestidos de época esperan pacientemente la llegada del convoy con dirección a Cuatro Caminos o Indios Verdes. Las referencias a series de época como Bridgerton y frases clásicas de la cultura popular como “Qué elegancia la de Francia” inundaron los hilos de conversación, transformando una entrega de obra pública en una auténtica comedia digital.
La intervención en la estación Hidalgo, que también incluye recubrimientos que simulan mármol en pasillos y salidas hacia la calle Rosales, forma parte de un presupuesto global de 1,500 millones de pesos de fondos federales, sumados a 700 millones de pesos aportados por el propio Sistema de Transporte Colectivo. El objetivo gubernamental es ofrecer una cara renovada antes del 11 de junio, fecha en que la capital recibirá a miles de visitantes internacionales.
Sin embargo, para los usuarios habituales, el brillo dorado de los nuevos faroles no alcanza a ocultar las deficiencias cotidianas del sistema. En las mismas publicaciones donde se festejan los memes, abundan las críticas hacia las prioridades del gasto público. Los internautas recuerdan con insistencia que problemas estructurales como las filtraciones de agua, las fallas en las escaleras electromecánicas y la falta de ventilación en las épocas de altas temperaturas siguen sin resolverse de fondo.
La discusión digital ha sustituido incluso las viejas costumbres de los capitalinos. En las redes ya se bromea con que la clásica frase de “nos vemos debajo del reloj del andén” será reemplazada por “te espero abajo del candelabro”, un cambio de nomenclatura que refleja la rapidez con la que el humor absorbe las ocurrencias de la administración local. Mientras las autoridades defienden que se trata de un esfuerzo estratégico para garantizar espacios dignos y estéticos, los pasajeros prefieren sobrellevar el viaje diario entre la fantasía monárquica y la cruda realidad del transporte subterráneo.
















