Ciudad de México, septiembre 23, 2021 01:45
Agosto 2021 Medios y Periodistas

‘Hoy cualquiera se pitorrea del Presidente’, decía Helguera hace 18 años, con Fox

Hace justamente 18 años, en julio del 2003, el caricaturista Antonio Helguera entregó un texto autobiográfico para su publicación en nuestro periódico, donde contó cómo surgió la pasión por su oficio. En recuerdo del destacado monero, que murió a los 55 años de edad el pasado 25 de junio, reproducimos aquí sus líneas.  

POR ANTONIO HELGUERA

Nací en 1965 y comencé a dibujar desde muy chico, tan chico que ya no me acuerdo. Tengo un recuerdo de la época en que iba al kínder, un hecho un poco absurdo de cuando tenía tres o cuatro años. La maestra nos pidió que dibujáramos una fruta cualquiera con nuestras crayolas. Dibujé un plátano y lo pinté con un color verde. Cuando me di cuenta de que en realidad los plátanos eran amarillos pensé que la maestra me iba a regañar. Me asusté tanto que me escondí debajo de una mesa.

Decidí ser dibujante a los 17 años. A esa edad uno es in irresponsable total y toma decisiones sin pensar. Así que al salir de la prepa me di cuenta que no había hecho otra cosa que dibujar, en lugar de atender a los profesores o tomar apuntes a lo largo de todos esos años que asistí a clases. En realidad, iba a estudiar Derecho sin estar muy convencido. Peor aún: Hice el examen de ingreso y aprobé. Fue una idea absurda, tan absurda como como pintar de verde un plátano. Ni comencé las clases. Siempre digo que gané un lugar en la UNAM y lo desaproveché. Mis padres se daban de topes. Hoy quizá entiendan que como abogado me hubiera muerto de hambre: en lugar de litigar, yo estaría dibujando en los tribunales.

Así fue como a los 17 años conocí a caricaturistas como Rafael Barajas (El Fisgón), Sergio Arau, Rocha. En 1983 asistí a un taller de dibujo dirigido por El Fisgón. Nos pasaba una colección de diapositivas, nos entusiasmaba con un rollo muy político, nos inculcaba un humor elaborado. Llené blocks y más blocks de caricaturas. Con eso, a los 18 años me presenté en el periódico El Día y me convertí en cartonista de la sección internacional. Tuve suerte: encontré trabajo y arranqué. Hoy esa situación es imposible.

En julio de 1985 me pasé a La Jornada. En septiembre comencé a estudiar en La Esmeralda. Cursé la carrera completa y repetí un año. Me pasaba la mitad del tiempo en clases y la otra en un billar. En esa época el diario estaba cerca de La Esmeralda, así que me resultó ideal: el billar quedaba a mitad del camino.

Recibí muchas influencias pero no me anclé a ninguna. Hay dibujantes que se obsesionan con un solo maestro y a la larga se transforman en sus réplicas. Por mis manos pasaron –y seguirán pasando— muchos libros. Entre esas influencias debo mencionar al uruguayo Alberto Breccia, quien hizo toda su carrera en Argentina; al italiano Milo Manara y al francés Jean Giraud, más conocido como Moebius.

En 1995, con Rius y El Fisgón editamos la revista El Chamuco. Antes, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari habíamos publicado El Chagüiscle. Era una época dura, la figura presidencial era intocable y existía mucha censura. Era imposible dibujar a Salinas. La única excepción era la revista Proceso. Trabajábamos con los testículos en la garganta. El régimen priísta fue muy autoritario.

Antonio Helguera. Foto: Fernando Carranza / Cuartosccuro

El Chamuco duró hasta el año 2000. Con Ernesto Zedillo nos desquitamos de toda la censura anterior. Subimos el tono y llegamos a la ridiculización feroz. Hoy, con el gobierno de Vicente Fox, existe más libertad y cualquiera se pitorrea del presidente. Pero nosotros nos ganamos esa libertad.

Dibujar diariamente sobre la actualidad es agotador. Todo el proceso lleva entre cuatro y cinco horas. El tema comienza a perfilarse a la mañana, leyendo los periódicos. Después, se escuchan los noticieros del mediodía. La idea es la parte más difícil; te hace sufrir. Y cuando ya la tienes y la propones, prácticamente no te queda tiempo para dibujar. Es una carrera contra el reloj.  

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