LETICIA CALDERÓN CHELIUS

Van a cumplirse 50 años de las Olimpiadas que se realizaron en México en 1968. Para la que se esperaba sería una celebración deportiva mundialmente reconocida, se construyeron distintas obras urbanísticas que daban su identidad al evento y a los mexicanos de entonces. Una de dichas obras fue la instalación de la banqueta olímpica a lo largo de toda la Avenida de Insurgentes que concluía con broche de oro al llegar a donde inicia la Ciudad Universitaria. Para su momento, era un sello de modernidad, un lujo y una muestra de la elegancia que México quería mostrar al mundo. ¿Quién diría que 50 años después esa banqueta sigue siendo prácticamente la misma en la gran mayoría de sus 28 kilómetros de largo?

En 2017 la Autoridad del Espacio Público de la Ciudad de México remodeló 8.2 kilómetros de esa banqueta histórica, pero como durante décadas solo se renovaron algunas partes y en general, esto lo hicieron particulares que decidieron intervenir la banqueta frente a sus negocios, la realidad es que el estado de la mayoría de este largo camino que cruza la capital es un verdadero desastre.

50 años cumple esa banqueta, 50 años sin renovarse en su totalidad, 50 años sin importarle a nadie ni siquiera cuando Insurgentes es una de las avenidas comerciales y habitacionales más emblemáticas de la Ciudad e incluso, un símbolo de identidad de quienes aquí vivimos.

Una de las esculturas de la Ruta de la Amistad, que fueron colocadas para los Juegos Olímpicos de 1968.

 

Si bien la Autoridad avanzó en la renovación de la larga banqueta de Insurgentes, lo cual se agradece, sorprende que se hayan limitado a una parte tan acotada que en su mayoría por cierto, coincide, casualmente, con la parte que ocupa la Delegación Benito Juárez. Sin embargo, se dejó sin remodelar prácticamente toda la parte que va hacia el sur, justamente en donde acaba dicha demarcación (a la altura de la torre Manacar).  Ni siquiera la parte de San Ángel que cualquiera podría pensar que por ser de alta plusvalía mereció la intervención de su banqueta, pero tampoco la parte que corresponde a la ruta peatonal rumbo a Ciudad Universitaria donde miles de jóvenes estudiantes y profesores caminan diariamente en medio de zanjas y hoyos de una banqueta que hace 50 años llegaba triunfante hasta esa parte del sur de la ciudad.

Hacia el norte, olvídense, se remodelaron partes, otras se dejaron a medias y otras simplemente ni se consideraron. Insurgentes a la altura de la Colonias Condesa y la Roma tienen solo retazos nuevos de banqueta, en la parte que corresponde con la Zona Rosa, algunas zonas se renovaron y pasando Reforma rumbo a la Colonia Lindavista y la Villa, parece que de plano quienes decidieron que se remodelaba optaron por no invertir dinero en un rumbo que no tiene un valor comercial tan atractivo como el que concentra la parte que si quisieron intervenir.

Uno de los detalles que vale la pena sobresalir de la renovación de la parte de la banqueta de Avenida Insurgentes que se si intervino es que se quitaron obstáculos peatonales como anuncios, puestos de todo tipo y casetas telefónicas que ocupaban en grupitos de entre 3 a 5 cada esquina de esta gran avenida. La consigna fue, “limpiar” la calle para permitir a la gente caminar libremente y con menores sacrificios para los peatones, por ejemplo, en las esquinas donde se desvanece la banqueta para facilitar la caminata e incluso el paso con sillas de ruedas, carriolas, maletas. Lo malo es que encontrarse ese detalle no es la norma, sino la suerte que todo buen chilango pide antes de salir de su casa.

Sorprende por eso que a menos de un año de que esa parte de la obra se concluyó, ya hay puestos de revistas, de flores o de comida que ni siquiera se instalaron discretamente, sino que ocupan literalmente toda la banqueta y que los peatones le hagan como puedan. Lo mismo con la sospechosisima instalación de nuevas casetas telefónicas que la propia autoridad prohibió contundentemente en esa Avenida remodelada y que sin embargo, por el rumbo del Wall Trade Center, (Delegación Benito Juárez por cierto) ya abundan. ¿Será que nadie respeta a la autoridad o de plano la mordida vale incluso la multa o la balconeada? ¿O a lo mejor es parte del bono de despedida que funcionarios de todo tipo están buscando antes de que se les acabe “el privilegio de mandar”?

Será el sereno, pero lo que estamos viendo es que una intervención urbana tan importante que no se hace en su totalidad, se deja parchada y además, que la autoridad responsable ni siquiera logra hacer que se respete la reglamentación que se aprobó, es muy mediocre. Vaya, si ni una banqueta bien puesta y completa pudieron poner, de veras  que no merecen seguir gobernando.

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francisco

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