Ciudad de México, diciembre 1, 2020 06:18
Libre en el Sur

La Veiga: un ícono perdido

En el gran predio de Insurgentes Sur, en la colonia Extremadura Insurgentes de Benito Juárez, donde pronto se iniciará la construcción de un hotel, funcionó durante más de 40 años una panadería y un restaurante emblemáticos, que fueron punto de referencia y sitio de reunión de vecinos, universitarios e intelectuales.

Especial / Staff

Durante más de cuatro décadas fue un ícono de la actual delegación Benito Juárez. Sitio de reunión sobre todo de vecinos de las colonias Del Valle, Extremadura Insurgentes e Insurgentes Mixcoac, así como de estudiantes universitarios e intelectuales, incluidos líderes estudiantiles que en los agitados días de 1968 fraguaron sus estrategias en torno a esas mesas con cubierta de melanina color crema… Estaba ubicada en la avenida Insurgentes Sur 1275, muy cerca de su confluencia con el actual Eje 7 Sur Félix Cuevas-Extremadura, justo en el predio en el que próximamente se construirá al parecer un hotel de cinco estrellas, y tenía acceso por la calle Luis Carracci a un extenso estacionamiento.

Empezó como una acreditada panadería y pastelería, inaugurada en diciembre de 1954, pero obtuvo su fama mayor por el restaurante adjunto, una suerte de cafetería al estilo español de las que aun hay algunas en el centro de la ciudad, como el café La Blanca. Justo enfrente, sobre Insurgentes, estaba otro negocio emblemático de la época y de la colonia Del Valle, la Tintorería Francesa, en el predio que hoy ocupa una unidad de la cadena Sanbon’s.

La Veiga –que tomó su nombre de una comunidad gallega– era referencia y sitio de encuentro, escenario de animadas tertulias y meriendas familiares, olorosa a café, que ofrecía una carta de platillos limitada, pero de muy buen gusto y de mejor precio, como los inolvidable molletes, la milanesa con papas o la pechuga parmesana servida con una ración de espagueti con salsa de tomate, sin faltar por supuesto una gran variedad de biscochos elaborados en la panadería de al lado y por lo tanto siempre frescos y crujientes. Los domingos había paella y muchos taurinos concurrían a comerla antes de marchar con bota al hombro a la vecina plaza de toros México de la Ciudad de los Deportes.

La panadería fue por cierto pionera en la modernización del sector, ya que fue la primera de funcionar con autoservicio, con lo cual sus propietarios fusionaron de hecho dos grandes tendencias de la panificación en aquella época, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado: la mecanización y el autoservicio, con capacidad para producir entre ocho mil y diez mil piezas por día. La Veiga pertenecía a la sociedad San Nicolás S, de RF.L., cuyos socios principales, los tres de origen español, eran Carlos Fernández, Ángel Uría y Ramón González.

Tal vez algunos juarenses mayores recuerden con nostalgia aquellos años de La Veiga, tanto la panadería como el restaurante, y guarden en su memoria momentos gratos vividos en ese gran salón –al que luego se incorporó una terraza que daba a Insurgentes y en la cual se daba también servicio de bar– donde el ir y venir de los meseros de impecable filipina blanca, como el siempre atento Pedrito, completaban el ambiente marcado por el rumor de los cubiertos y las pláticas que a menudo derivaban en acaloradas discusiones. Ambos negocios cerraron sus puertas a principios de los noventa, cuando el predio fue adquirido por los promotores de una plaza comercial… que nunca se construyó.

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