Ciudad de México, julio 18, 2026 23:41
Ciudad de México Mundial de Futbol 2026

Los goles del Mundial, ¡en la portería de los capitalinos!

Las obras rumbo al Mundial de Futbol 2026 han desatado caos vial y pérdidas económicas en la CDMX.

Vecinos y comerciantes denuncian opacidad en la planeación y falta de consulta ciudadana.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

Las obras que se realizan en la Ciudad de México con motivo del Mundial de Futbol 2026 han convertido la movilidad en un reto diario. En zonas del sur, como Benito Juárez o Tlalpan, los cierres de carriles y desvíos improvisados generan embudos viales que afectan a miles de habitantes.

La capital mexicana fue elegida como una de las sedes de la Copa Mundial de Futbol 2026, lo que implicó compromisos de infraestructura para cumplir con los estándares de la FIFA. Entre ellos se encuentran la modernización de accesos al Estadio Azteca, la ampliación de vialidades estratégicas y la rehabilitación de espacios públicos cercanos. Sin embargo, la ejecución de estos proyectos ha estado marcada por la falta de transparencia y la ausencia de información clara hacia la ciudadanía.

Vecinos de colonias como Del Valle, Nápoles y Ciudad de los Deportes señalan que los cierres de carriles en avenidas como Insurgentes Sur y Río Churubusco se anuncian de manera improvisada, sin calendarios públicos ni alternativas de circulación. “Nos enteramos porque de pronto ya no se puede pasar, y nadie nos dice cuánto tiempo durará”, comenta un residente de la colonia Del Valle.

Los comerciantes también han resentido el impacto. Tiendas de abarrotes, restaurantes y pequeños negocios reportan caídas de hasta 30% en sus ventas debido a la disminución de clientes que evitan las zonas en obra. “La gente ya no quiere venir porque se tarda demasiado en estacionarse o en llegar”, explica un restaurantero de la colonia Nápoles.

El sector informal, que depende del flujo peatonal y vehicular, enfrenta pérdidas aún mayores. Vendedores ambulantes en las inmediaciones del Estadio Azteca aseguran que las obras han reducido drásticamente la afluencia de personas, lo que se traduce en jornadas con ingresos mínimos.

La inversión anunciada para estas obras supera los 2,000 millones de pesos, según cifras oficiales. Sin embargo, especialistas en movilidad advierten que gran parte de los recursos se concentran en proyectos de corto plazo, diseñados para cumplir con los requisitos del Mundial, sin atender las necesidades estructurales de la ciudad. “Se privilegia la imagen internacional sobre la calidad de vida local”, señala un urbanista consultado.

La opacidad en la planeación es otro de los puntos críticos. No se han publicado cronogramas detallados ni estudios de impacto ambiental y social. Tampoco se han realizado consultas vecinales formales, lo que alimenta la percepción de que las decisiones se toman de manera unilateral.

En contraste, los habitantes de Benito Juárez y otras alcaldías del sur reclaman que mientras se destinan recursos millonarios a obras mundialistas, persisten problemas cotidianos como banquetas deterioradas, falta de áreas verdes y deficiencias en el transporte público. “Nos dicen que es por el Mundial, pero aquí seguimos con calles rotas y sin seguridad peatonal”, afirma una vecina de la colonia Ciudad de los Deportes.

El caos vial es evidente. En horas pico, los cierres y desvíos provocan tiempos de traslado que se duplican o triplican. Los servicios de transporte público, como el Metrobús y el RTP, también sufren retrasos por los embudos generados. La Secretaría de Movilidad ha emitido comunicados generales, pero sin ofrecer soluciones concretas para los usuarios afectados.

La narrativa oficial insiste en que las obras son necesarias para proyectar a la Ciudad de México como una sede de primer nivel en la Copa Mundial de Futbol 2026. Sin embargo, en las calles la percepción es distinta: se trata de proyectos que benefician a unos pocos y que trasladan el costo del caos a los capitalinos.

La pregunta de fondo se repite en las conversaciones vecinales y en los comercios: ¿quién gana con estas obras y quién paga el precio del desorden? Para muchos, la respuesta es clara: los beneficios se concentran en las autoridades y en los organizadores del Mundial, mientras que las pérdidas recaen en los ciudadanos que enfrentan cada día el tráfico, los retrasos y la incertidumbre.

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