Ciudad de México, julio 14, 2026 05:22
Medios y Periodistas Política

México, lugar 122 en libertad de prensa: demasiado cerca del abismo

El país aparece apenas por encima de regímenes autoritarios donde informar puede significar cárcel, desaparición o exilio

Europa Central consolida democracias mediáticas mientras México se hunde entre violencia criminal y hostilidad política, según informe de RSF.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

México volvió a quedar retratado ante el mundo en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2026 de Reporteros Sin Fronteras (RSF): puesto 122 de 180 países. Una posición que ya no puede explicarse únicamente por la violencia del narcotráfico, sino por la suma corrosiva entre impunidad, precarización del periodismo, acoso político y deterioro institucional.

Lo verdaderamente alarmante no es solo el número. Es quiénes aparecen debajo de México. Apenas unas decenas de lugares separan al país de regímenes abiertamente autoritarios o dictatoriales como Venezuela (159), Cuba (160), Egipto (169), Rusia (172), Arabia Saudita (176), Irán (177) y China (178), países donde la prensa independiente prácticamente sobrevive en la clandestinidad, bajo censura estatal, encarcelamientos o control absoluto del aparato político.

La comparación resulta demoledora. En China, el Partido Comunista controla los medios, persigue periodistas y ha convertido la censura digital en política de Estado. En Irán, las leyes de seguridad nacional sirven para encarcelar reporteros y sofocar cualquier crítica al régimen teocrático. Rusia, bajo Vladimir Putin, mantiene periodistas presos, medios clausurados y una maquinaria de propaganda reforzada desde la invasión a Ucrania. RSF incluso señala que Moscú ha perfeccionado el uso de leyes “antiterroristas” y “anti extremismo” para criminalizar el periodismo.

En Cuba y Venezuela, la situación combina exilio, censura económica, persecución judicial y destrucción progresiva de medios independientes. El periodista incómodo no siempre termina asesinado: muchas veces termina quebrado económicamente, silenciado o expulsado del país. México no ha llegado a esos extremos de control estatal absoluto, pero la cercanía en la tabla revela algo profundamente perturbador: el deterioro mexicano ya no se mide contra democracias consolidadas, sino contra modelos donde la libertad de información está prácticamente demolida.

Y mientras México se desliza hacia la zona oscura de la clasificación, buena parte de Europa Central muestra el fenómeno contrario. Chequia aparece en el lugar 11; Lituania en el 15; Letonia en el 17; Austria en el 19; Eslovenia en el 36 y Eslovaquia en el 37. Países que hace apenas algunas décadas vivían bajo dictaduras comunistas, censura soviética o sistemas de partido único hoy garantizan mejores condiciones para ejercer el periodismo que México, pese a tener historias recientes de ocupación, guerra fría y autoritarismo.

Incluso naciones con tensiones políticas severas mantienen estándares mucho más altos. España ocupa el lugar 29, pese a la polarización interna, las tensiones catalanas y los choques constantes entre gobierno y prensa. El contraste tiene además una ironía histórica: mientras desde México el discurso político reciente ha reactivado confrontaciones simbólicas con España alrededor de la Conquista y las disculpas históricas, el antiguo imperio colonial aparece hoy casi cien lugares arriba de México en garantías para informar, investigar y publicar sin miedo.

La lista también desmonta ciertos mitos latinoamericanos. Costa Rica se ubica en el sitio 38; Chile en el 70; Argentina en el 98 y Colombia en el 102. Incluso países golpeados por violencia política o crisis económicas mantienen condiciones más favorables que México para el ejercicio periodístico.

Mientras tanto, Estados Unidos cayó hasta el lugar 64 y RSF advierte sobre un clima crecientemente hostil hacia la prensa, agravado por polarización política, demandas y ataques verbales contra medios. Aun así, permanece muy por encima de México.

La tragedia mexicana no es únicamente el asesinato de periodistas. Es algo más profundo: la normalización de la censura indirecta. En regiones enteras del país ya existen “zonas de silencio” donde el crimen organizado decide qué puede publicarse y qué no. RSF menciona estados como Guerrero, Sinaloa, Veracruz, Zacatecas, Oaxaca y Chiapas, donde informar sobre corrupción, narcotráfico o vínculos políticos puede equivaler a firmar una sentencia.

El puesto 122 no es un accidente estadístico. Es el reflejo de un país donde la democracia presume conferencias mañaneras, elecciones y redes sociales encendidas, pero donde demasiados periodistas siguen trabajando entre amenazas, salarios miserables, autocensura y miedo real a no volver vivos a casa.

Ver informe completo.

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