JUAN CARLOS PANTOJA MARTÍNEZ

Desde diversos ámbitos y referido por muchos autores, se ha replicado un juicio en el que se plantea que la historia de la humanidad ha tenido tres significativas heridas narcisistas.

Una de estas heridas fue propinada por el astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) cuando afirmó que la tierra no era el centro del Universo. El agravio estuvo dirigido a la exaltación del Hombre como la medida de todas las cosas, incluso como el centro del universo.

Otra afrenta narcisista la postuló Charles Darwin. En su obra El origen de las especies (1859) refiere la teoría de la evolución biológica; en ella afirma que el origen del ser humano, no es divino sino resultado de dicha evolución y selección natural.

La tercera gran herida narcisista la plantea Sigmund Freud, (1856-1939) citado como el padre del psicoanálisis, quien por cierto este 6 de mayo cumpliría años, al rechazar la idea moderna de que en el Hombre predomina la razón. Con los hallazgos de su teoría psicoanalítica, desmiente esta idea y afirma que el hombre actúa en el mundo sustancialmente por impulsos inconscientes e irracionales.

Las implicaciones de estas heridas sin lugar a dudas provocaron un giro discursivo en general, en casi todas las ciencias sociales, sin embargo, quisiera detenerme un poco en ésta última.

Es difícil para cualquier persona que medianamente lea, esté informada, consulte los diarios o noticieros, mantenerse al margen del proceso, fiesta o show electoral que cada seis años irrumpe la vida cotidiana de nuestro país.

Un meme que bromea con los dichos de Trump.

Considero ser una de estas personas que medianamente hace un seguimiento de las campañas y los candidatos, trato de pensar sus propuestas más que las frases de utilería y participo medianamente también de las redes sociales.

Aprecio que hoy, como hace 12 años, se han vuelto a polarizar las opiniones, las relaciones, las ideas. La contienda electoral parece cada vez más un América–Chivas, que la trascendencia de la implementación de políticas públicas que nos guste o no, las conozcamos o no, rigen sustantivamente la vida pública del país.

Los llamados memes inundan las redes, algunos muy buenos, otros no tanto, a según el gusto del espectador, más allá del gusto es interesante dar cuenta de su contenido, -se diría también desde el psicoanálisis-, pensar el meme y su relación con lo inconsciente.

En esta polarización social, sostenida en buena medida a través de memes, hay cierta dosis de irracionalidad, con ello no quiero decir que carezcan de creatividad, de oportunismo, de significado, sin embargo, con la cual, aquella herida narcisista deja de ser herida, para adoptar más bien una forma descriptiva de buena parte de la dinámica social.

Dada mi deformación profesional, percibo esta forma de expresión con mucha carga irracional, de emociones diversas, complejas, entremezcladas, demasiados memes con alto contenido de odio, lo cual me provoca interrogarme, ya fuera de los memes ¿de dónde viene el odio?, ¿qué hace que se concentre en un candidato?, ¿si el odio es una emoción desplazada, de dónde es que se quitó para colocarse en otro sitio?, ¿es el odio efecto de la propaganda?

Esperemos antes del dos de julio responder coherentemente estas inquietudes para, posterior a esta fecha, ensayar formas de reconciliación social, materia que vislumbro más que necesaria.

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francisco

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