Ciudad de México, junio 7, 2026 13:01
Ciudad de México Mundial de Futbol 2026

Rompen récord ¡de acarreo! en ‘ola’ mundialista

Clara Brugada impulsa la “ola más grande” con acarreo masivo en Reforma.

Unas 36 mil personas movilizadas para romper récord Guinness; vecinos denuncian propaganda disfrazada de fiesta.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

El sábado 6 de junio, Paseo de la Reforma se convirtió en escenario de un espectáculo singular: la llamada Ola más grande del mundo, organizada por el gobierno capitalino para imponer un Récord Guinness rumbo al Mundial 2026.

Según cifras oficiales y Guinness World Records, participaron unas 36 mil personas en el tramo comprendido entre el Ángel de la Independencia y la Torre del Caballito. El acto fue presentado como un gesto de unidad y orgullo, pero las imágenes de contingentes trasladados en camiones y microbuses desde distintas alcaldías alimentaron la crítica: se trató de un acarreo político disfrazado de fiesta futbolera.

Desde temprano, grupos de vecinos, adultos mayores y usuarios de programas sociales fueron movilizados hacia Reforma. Testimonios recogidos por diversos medios de información señalaron que el traslado se realizó en unidades oficiales, con regreso incluido.

Lonas y rótulos de dependencias acompañaron a los contingentes, confirmando la participación organizada de alcaldías como Iztacalco, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón. La magnitud del evento difícilmente se explica sin esa logística: llenar dos kilómetros de avenida con decenas de miles de personas requiere más que entusiasmo espontáneo.

El banderazo lo dio Alejandra Frausto, secretaria de Turismo de la CDMX. Clara Brugada, jefa de Gobierno, fue la promotora política de la iniciativa, aunque no estuvo presente físicamente en el acto. La narrativa oficial insistió en que se trataba de un evento de inclusión y celebración, con actividades culturales y musicales previas. La Sonora Santanera cerró la jornada con una versión adaptada de La Boa, rebautizada como La Ola. El ambiente festivo fue innegable, pero la crítica se centró en el uso de recursos públicos para movilizar gente en plena coyuntura política.

El simbolismo no pasó desapercibido. La “ola” remite inevitablemente al Mundial de 1986, cuando México se convirtió en anfitrión y la afición popularizó el gesto en estadios. Cuatro décadas después, la capital buscó apropiarse de esa memoria colectiva para proyectar fuerza política. El récord Guinness funciona como trofeo mediático, pero también como recordatorio de que la fiesta mundialista puede convertirse en herramienta de propaganda.

Vecinos denunciaron los costos sociales: tráfico desviado, contaminación por el uso masivo de transporte y la sensación de que la ciudad se convierte en escenario de legitimación política más que en espacio de convivencia. Mientras se celebraba la “ola”, la CNTE mantenía protestas en distintos puntos de la capital, subrayando la tensión entre la fiesta oficial y las demandas sociales. La imagen de miles de brazos levantados en cadena contrasta con la de maestros bloqueando calles para exigir atención a sus reclamos.

La crítica apunta a la contradicción: se habla de unidad y orgullo, pero se recurre al acarreo para llenar la avenida. Se presume inclusión, pero se moviliza a beneficiarios de programas sociales bajo la lógica de asistencia obligada. Se celebra un récord mundial, pero se ignoran los problemas cotidianos de movilidad, seguridad y contaminación que afectan a los capitalinos. La “ola” se convierte así en metáfora de una ciudad arrastrada por la propaganda, más que por la pasión futbolera.

El Mundial 2026 traerá consigo obras, caos vial y espectáculos. La “ola” de Reforma anticipa que también traerá acarreo y legitimación política. La fiesta futbolera se convierte en burla para quienes pagan el costo de la ciudad intervenida. La ola arrastra cemento, multitudes y discursos, pero deja tras de sí la pregunta incómoda: ¿quién gana realmente con la fiesta mundialista?

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