Rescata San Lorenzo Xochimanca tradición novohispana: convocan a niños a pedir ‘calaverita’
El antiguo barrio originario organiza un recorrido comunitario por las calles de colonia para las niñas y los niños, este domingo 1 de noviembre.
La cita es a las 5:30 PM en el atrio de la capilla colonial de San Lorenzo Mártir para recorrer las calles tradicionales de la colonia Tlacoquemécatl; se invita a los chicos a ir disfrazados.
STAFF/LIBRE EN EL SUR
Una tradición que contrariamente a los que muchos suponen tiene raíces profundamente nuestras, la de pedir “calaverita”, será rescatada este domingo 1 de noviembre en el antiguo pueblo originario de San Lorenzo Xochimanca, donde se llevará a cabo un recorrido de niñas y niños ataviados con disfraces alusivos por las calles de la colonia Tlacoquemécatl, en la alcaldía Benito Juárez.
La iniciativa del Comité Organizador 2024-2027 de San Lorenzo Xochimanca, busca reunir a la comunidad en una jornada de integración y convivencia en el espacio público. La convocatoria general está programada a las 5:30 PM en el atrio de la capilla colonial de San Lorenzo Mártir, inmueble histórico ubicado en el Parque San Lorenzo, en la intersección de las calles Manzanas y Magnolias.
Desde este punto del barrio originario, el grupo iniciará un trayecto a pie que abarcará diversas vialidades de la zona. La ruta trazada incluye calles y avenidas representativas como San Lorenzo, Fresas, Tejocotes, Manzanas, San Francisco, Tlacoquemécatl, Miguel Laurent y Capulín, entre otras calles adyacentes. Durante el trayecto, los pequeños solicitarán la calaverita a vecinos, habitantes y comerciantes locales, quienes participarán entregando dulces, golosinas, fruta de temporada —como tejocotes, mandarinas, cañas y guayabas—, así como piezas de pan de muerto.
El propósito central de este recorrido comunitario de niñas y niños es revalorar el origen de pedir la calaverita en México, una costumbre respaldada por antecedentes históricos que combinan elementos de las culturas prehispánicas y del periodo novohispano.
En la era mesoamericana, pueblos como el mexica dedicaban periodos específicos del calendario ritual, entre ellos los meses de Miccailhuitontli y Huey Miccailhuitl, a honrar la memoria de las personas fallecidas mediante la preparación de ofrendas que incluían alimentos, flores de cempasúchil, resinas aromáticas como el copal y objetos cotidianos, bajo una lógica comunitaria de redistribución y tributo a los antepasados.
Posteriormente, durante el periodo virreinal, entre los siglos XVII y XVIII, estas costumbres mesoamericanas se fusionaron con las celebraciones católicas europeas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. En ese contexto histórico surgió en pueblos, villas y ciudades de la Nueva España la práctica de la caridad funeraria.
Trabajadores de las haciendas, peones, familias de escasos recursos y niños huérfanos salían a las calles durante las vísperas del 2 de noviembre a solicitar apoyo en especie o en metálico. La petición consistía en pedir cera para encender velas en los templos, pan de la época o monedas de escaso valor, conocidas como tlacos, con el objetivo de reunir los elementos necesarios para levantar un altar en memoria de sus difuntos.
En los siglos posteriores, la costumbre incorporó elementos de uso cotidiano en las zonas rurales y suburbanas de México. Los niños adoptaron la práctica de fabricar linternas utilizando frutos de la época, principalmente chilacayotes o calabazas de castilla. Los frutos eran ahuecados manualmente y tallados con aberturas que simulaban rostros humanos o calaveras, dentro de los cuales se colocaba una vela encendida. Estas piezas servían como alumbrado para guiar el camino de los menores en las calles durante la penumbra nocturna y funcionaban al mismo tiempo como un símbolo ceremonial de la luz que orienta el tránsito de las almas de regreso a sus antiguos hogares.
A la par de las linternas vegetales, la tradición sumó el trabajo artesanal de las calaveritas de azúcar y alfeñique, confeccionadas con nombres propios en la frente, así como la transmisión oral de coplas, rimas y cantos populares que la población infantil recitaba al llamar a las puertas de las viviendas para solicitar alimentos o dulces.
En el barrio originario de San Lorenzo Xochimanca, la capilla dedicada a San Lorenzo Mártir, cuyos antecedentes de construcción se remontan al periodo novohispano, actúa como el referente histórico y territorial de la zona. A pesar del crecimiento urbano que transformó los antiguos terrenos agrícolas en la actual colonia Tlacoquemécatl del Valle, el barrio conserva elementos de su organización comunitaria tradicional.
El comité organizador invitó a que en este recorrido comunitario de niñas y niños, los participantes acudan caracterizados con disfraces, atuendos o elementos alusivos a las tradiciones mexicanas, como catrines, catrenas y figuras del imaginario popular, reforzando la preservación de la memoria histórica y el uso del espacio público como lugar de encuentro vecinal en la alcaldía Benito Juárez.
















