Ciudad de México, octubre 26, 2026 14:33
Nancy Castro Opinión

Un mundo sin refugio

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“La democracia no se sostiene únicamente con elecciones. Necesita garantizar derechos, ofrecer condiciones de vida dignas y preservar la posibilidad de disentir sin miedo…”

POR NANCY CASTRO

2026 concentra un índice alarmante de crisis de todo tipo. El año del Caballo de los chinos, nos ha propinado golpes bajos.

A pocos meses de terminar el año, pareciera que ya no hay hacia dónde hacerse.

Latinoamérica no parece ofrecer refugio. Ninguno de sus países escapa a la incertidumbre política, económica y social. Las contiendas electorales en Brasil se desarrollan en un clima de polarización que amenaza con profundizar las fracturas sociales, mientras el continente parece cada vez más permeable a los discursos de Trump.

¿Qué empuja a la ciudadanía a depositar sus esperanzas en discursos que prometen orden mientras amenazan con erosionar los derechos conquistados?

México, por su proximidad geográfica y su dependencia económica de Estados Unidos, permanece expuesto a las sacudidas del vecino del norte. Poco importa que su gobierno se reivindique de izquierda: la frontera no lo protege de las turbulencias políticas ni de las presiones económicas e ideológicas.

Pero ¿qué lugar ocupa la democracia en un mundo cada vez más permeable a la derecha radical?

Los indicadores internacionales dibujan un panorama inquietante. El retroceso democrático ya no se limita a países con instituciones frágiles; también alcanza a democracias históricas que durante décadas defendieron garantías. El autoritarismo contemporáneo no siempre necesita imponerse mediante un golpe de Estado. A veces le basta con ganar elecciones, debilitar los contrapesos institucionales, desacreditar a la prensa y convertir al adversario político en enemigo de la nación.

La paradoja es brutal: las sociedades pueden votar libremente por proyectos que, una vez en el poder, terminan restringiendo sus propias libertades. ¿Qué empuja a la ciudadanía a depositar sus esperanzas en discursos que prometen orden mientras amenazan con erosionar los derechos conquistados? ¿El hartazgo, la precariedad, el miedo al futuro o la sensación de que las instituciones han dejado de responder a las necesidades más elementales?

El avance de la derecha radical no se explica únicamente por la fuerza de sus convicciones, sino por el vacío que dejan quienes ya no consiguen ofrecer respuestas creíbles. Mientras la vivienda se convierte en un privilegio, el trabajo deja de garantizar estabilidad y las desigualdades se profundizan, las promesas de orden encuentran terreno fértil en la desesperanza. Allí donde la incertidumbre se vuelve cotidiana y el futuro pierde sus contornos, el miedo puede convertirse en una poderosa herramienta política.

La democracia no se sostiene únicamente con elecciones. Necesita garantizar derechos, ofrecer condiciones de vida dignas y preservar la posibilidad de disentir sin miedo. Cuando deja de responder a estas necesidades, corre el riesgo de reducirse a una estructura cada vez más alejada de las personas a las que debería representar. Y cuando la ciudadanía deja de confiar en ella, se abre una grieta que los proyectos autoritarios saben aprovechar.

Las preguntas que tendríamos que hacernos : ¿cómo defender la democracia? ¿Cómo recuperar la esperanza colectiva en un mundo donde el miedo parece haberse convertido en una herramienta de gobierno y la incertidumbre, en nuestra forma cotidiana de habitar el presente? ¿Cómo impedir que el desencanto termine por desmantelar aquello que tanto costó conquistar?

A pocos meses de concluir 2026, lo más inquietante no sea solo la acumulación de crisis que atravesamos, sino la sensación de que cada vez quedan menos lugares seguros desde los que hacerles frente. Ni siquiera aquellos que alguna vez creímos a salvo.

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