Ciudad de México, octubre 23, 2020 03:03

LETICIA CALDERÓN CHELIUS

La competencia es una de las bases de la democracia. Sin posibilidad de mostrar diferencias, de marcar distancia entre proyectos, de destacar virtudes de cada candidato, de los partidos, los proyectos e ideologías, la democracia pierde su esencia.  A su vez, la capacidad de contrastar nos vuelve ciudadanos: El poder ver que hace bien quien nos gobierna, que hace mejor el de junto y reaccionar cuando los gobernantes aparentan que hacen y francamente no hacen nada.

Así ocurre por los rumbos de la BeniJuarez donde durante poco más de una década se ha repetido con cierta pedantería que este es “el mejor lugar para vivir” y la sola idea nos obliga a ver los “asegunes”.  ¿La demarcación que hoy compone la Delegación Benito Juárez es “el mejor lugar para vivir” comparado con qué?

Basura en la Plaza Valentín Gómez Farías. “El mejor lugar para vivir”

Se los comento porque en el colmo de la pedantería se ha llegado a decir que el nivel de vida de esta demarcación es equiparable con entidades europeas como si los que viven en la zona fueran a creer semejante patraña.

Obviamente comparado con otras Delegaciones la BeniJuarez tiene una infraestructura muy superior, rutas de comunicación, alternativas de movilidad y espacios públicos que incluyen zonas verdes por encima de la media de la Ciudad de México.  El punto es preguntarse si estas características no lo son como parte del propio desarrollo urbano que fue ubicando de manera muy céntrica a esta demarcación y por tanto, la ciudad misma se vio en la necesidad de invertir en rutas de comunicación como avenidas, líneas de metro, metrobús, y desafortunadamente de manera muy parcial y hasta tímida en ecobici y ciclovías.

Pero todo esto lo proyectó a lo largo de varios años –e incluso décadas- el gobierno de la Ciudad y no la autoridad delegacional local. En ningún caso, este tipo de inversiones fueron obra de los diferentes Delegados, aunque fueron ellos algunos de los principales beneficiados de estas obras que permitieron incrementar el costo del metro cuadrado y explotar al máximo el uso del suelo.

La existencia de otro tipo de infraestructura como escuelas, clínicas, hospitales, centros sociales y deportivos habría que preguntarse que tanto no lo son más por el perfil mismo de la población, que por que la autoridad lo hubiera gestionado e incluso planeado.

Revisando algunos elementos del perfil de población de la BeniJuarez nos podemos dar una idea de las necesidades y valores que la población va demandando y ver así si el slogan en cuestión convence: La Delegación se compone de población de clase media y media alta, que en términos de salario implica un ingreso promedio mayor a los 15 mil pesos al mes y de ahí para arriba.

Es la demarcación de toda la ciudad de México con mayor nivel académico ya que 58% cuenta con estudios de licenciatura y más. Un dato interesante es que esta demarcación concentra el menor porcentaje de católicos en relación a lo que otras delegaciones. Aquí hay un 75% es católico mientras que en otras áreas  este porcentaje roza hasta el 83%. Se podría decir por tanto que hay población liberal y progresista dada su formación académica –que no contradice su práctica religiosa-.

Otro dato interesante es que La BeniJuarez es la entidad de mayor edad promedio (36 años) dado que la edad promedio es de 28 años, lo que se suma a una fuerte concentración de personas de tercera edad (21% que es más que lo que hay en otras delegaciones).

También tenemos que 40% de la población de estos rumbos es soltera y la población divorciada, separada y viuda es ligeramente más que en el resto de la ciudad (9%). Además, la familia promedio en la BeniJuarez es de 3 personas. Esto explica la gran presencia de los nuevos miembros de las familias que incluyen a sus mascotas como parte de los afectos básicos (perrijos).

A decir de los datos y por el fuerte cambio demográfico que la entidad ha experimentado los últimos años, tanto por el reemplazo generacional, el encarecimiento de la vivienda, como la concentración de población con alta escolaridad mayor que el promedio del resto de la Ciudad, estamos ante una ciudadanía potencialmente exigente, critica y demandante.

Tal vez esto explica que cuando se dice que este es “el mejor lugar para vivir”, la comparación con las delegaciones de junto no resulte del todo convincente porque los parámetros desde los que evalúa el perfil promedio de la población local es con otros referentes. De esta manera, repetir este tipo de ideas que fueron slogan de campaña y tuvieron su efecto en algún momento ha perdido fuerza y coherencia porque decirse mejor en un mar desastres urbanos ya no es suficiente y no resulta convincente.

Obvio, es como dice el refrán, en “un mundo de ciegos, el tuerto es rey”, pero no es así como funciona la política y mucho menos, como puede convencerse ya al electorado. Por lo menos no a este.

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