POR RODRIGO CORDERA  THACKER

Algunos argumentarán que lo que sucede en Brasil y en EUA no es fascismo, que son presidentes y candidatos con impulsos autoritarios, pero que el fascismo quedó atrás. Me parece un error craso hacerla de avestruz como lo hizo el primer ministro Chamberlain con Hitler. O en nuestro caso, como hizo Peña y el aprendiz de secretario Videgaray al invitar al fascista anaranjado de Trump a Los Pinos. Tomemos en serio la amenaza como lo hizo el General Cárdenas. Abracemos la historia porque de ahí podremos inspirarnos y encontrar ideas y políticas para salir airosos ante la tormenta fascista.

Bolsonaro y Trump encontraron en el desencanto democrático, ante las promesas incumplidas de un neoliberalismo rapaz, y una globalización para las élites, a un sector social que pide orden, regresión en cuanto a libertades, machismo franco en discurso, acciones militares y coercitivas, y el gran aliado del fascismo: el libre mercado.

 

¿Será que para ellos la única libertad que habrá que preservar a toda costa es la de mercado? ¿Será por eso que muchos no se escandalizan con los fascistas americanos que vienen? Parece que sí al leer la tibieza de la derecha internacional y nacional.

Nos encontramos de nueva cuenta con un viejo enemigo, uno que ha rondado por Europa en pasos silenciosos y parece haber desencallado en las costas de Nueva Inglaterra y de Río de Janeiro.  No estamos ante la misma situación de los años 30s en donde el pueblo americano contó con el presidente Roosevelt y su nuevo pacto; y nosotros con un General de la revolución cansado de tanta sangre derramada y con la resolución de darle cauce al estado y sentido a los reclamos sociales de la revolución mexicana.

México se encuentra en las vísperas de un nuevo gobierno que, si bien ha levantado muchas esperanzas, también se encuentra en una espiral de mala comunicación que genera confusión y ésta es aprovechada por la derecha nacional. La propuesta de AMLO de cambiar de régimen claro que es muy atractiva, pero sin duda será complicada. Ya lo dijo Maquiavelo: “para el nuevo príncipe, los derrotados serán enemigos a muerte y los aliados originales demandarán más de lo que se les puede y debe dar”.

La relación con Trump inició bien, o eso parece. Me parece sensato mantener las relaciones lo más cordiales posibles, pero con la banda de nativistas americanos siempre habrá que tener cuidado. Somos el chivo expiatorio para Trump y su banda, no olvidemos eso porque cuando tenga un problema local, nos utilizará para alebrestar a sus fieles.

En estos momentos tan complejos debemos voltear a la historia del cardenismo. Una historia de dignidad nacional, patriotismo y soberanía. Me da gusto que AMLO tenga como sus ídolos de la historia al General Cárdenas.

No estaría mal que aprovecháramos este momento de atribulación internacional para refrendar nuestra soberanía, defender a los nuestros en el norte y generar un país solidario con todos los migrantes del sur del continente que transitan nuestro territorio y son carne de cañón del narcotráfico y autoridades corruptas.

 

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francisco

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