LETICIA CALDERÓN CHELIUS

Lo que en esta elección se está poniendo a consideración de la ciudadanía no son las virtudes personales de cada uno de los aspirantes a la silla presidencial y a cada uno de los puestos en disputa. Si se tratara de eso, ningún presidente anterior hubiera sido electo y mucho menos el saliente. Tampoco muchos de los conocidos del rumbo, sea Ciudad de México o específicamente la BeniJuarez, se considerarían aptos ni siquiera para entrar a una oficina de gobierno.

Obviamente los atributos personales de los candidatos son fundamentales en una contienda electoral, pues son lo que construye su imagen y lo que provoca simpatías y antipatías que atraen o llevan al rechazo, pero todo esto es solo una mascarada.

Aunque cueste trabajo aceptarlo las elecciones no son un concurso para ver quien es el más amable, culto, dicharachero, buen orador desde chiquito, galán, buen esposo o si puede aparentar ser una persona ordinaria que hasta las cumbias del pesero puede tararear.

Lo que está en juego en cada elección es la apuesta política que colectivamente se impone por la vía pacifica del voto.  El proyecto de nación o el modelo político y económico en que pensamos vivir la parte que sigue del resto de nuestras vidas.

Desde esa lógica se supone que las elecciones sirven para castigar malas gestiones y premiar a los que lo han hecho bien, pero cuando llegamos a este supuesto nos topamos con nuestro propia incapacidad para hacer del proceso electoral una vía para subsanar controversias y presionar a que los políticos hagan lo mejor de si mismos o por lo menos, lo menos peor.

Resulta que el sistema político mexicano incluyó a los PLURIS (plurinominales) como una forma de evitar el mayoriteo eterno del PRI que sin los candidatos PLURIS siempre quedarían sobre representados. La idea era loable pues buscaba equilibrar el control absoluto de un partido que gobernó durante décadas. Sin embargo, con el paso del tiempo la figura de los PLURIS se tergiversó y perdió su esencia y hoy son plazas laborales V.I.P que se reparten y dan desde la cúpula de cada alianza política o las otorga el mandamás en turno. Son premios de consolación, pagos de favores o  guiños de amistad sin reservas. Son herencias que pasan de generación en generación o promesas que se hicieron en la intimidad.

El problema es que los senadores y diputados PLURIS son en general (y  salvo excepciones de las cuales no recuerdo un solo nombre en este momento), personajes impresentables o curriculums que no podrían ponerse a votación popular porque ”ni su madre votaría por ellos”.

Foto: Saúl López/Cuartoscuro

Para esta elección no pudo ser diferente y ya hemos oído los nombres que uno no imaginaría que se atreverían a salir a la luz pública. Que quede claro que ningún frente político se libra de señalamientos y cada uno tiene nombres detestables y porriles.

Este asunto no solo se observa a nivel nacional sino que se replica a nivel local y en la Ciudad de México basta ver las listas de PLURIS para levantar la ceja de más de uno y obligan a otros a soltar un “no inventes”, y es que los PLURIS entran de cajón, no importa su pasado, su presente o si algunos de los nombres más conocidos se intentaron quedar con el presupuesto millonario para aliviar los daños luego del sismo de 2017.

¿Qué puede hacer la ciudadanía ante semejante abuso? Mucho. Podríamos oponernos a los PLURIS como tantos que piden eliminarlos –personalmente me encantaría– pero como he mencionado, el origen de esta figura política era loable e incluso necesario para mantener un equilibrio político entre fuerzas partidistas. Tenemos que llevar a que se revise este tema como un acto más de corrupción vil y descarado.

Por ahora, lo que si se puede hacer es evidenciar los nombres de dichos PLURIS y no permitir que sea un tema que se acepta sin chistar. Todos y cada uno de dichos nombres deben ser revisados y preguntar a quienes los postularon, cuales son los méritos para que dichos personajes se consideren indispensables y sobre todo, amenazar con hacer un voto diferenciado que castigue, si no al personaje directamente -eso depende en que lugar de la lista quedó beneficiado-  si al partido que dependiendo el porcentaje de votos que obtiene es como reparte este tipo de puestazos.

Solo así, aunque los nombramientos ya están “apalabrados” y los candidatos ya se sienten en sus puestos de control y hasta cobrando, la ciudadanía aún tiene el poder de decidir que hasta un PLURINOMINAL designado, depende del voto de todos y cada uno de los aquí presentes que podría ponerlos a temblar si entendieran que no todo esta dicho.

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francisco

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