La paradoja del Cutzamala: agua en las presas y grifos secos en CDMX
Cutzamala. Presas llenas. Foto: Cuarftoscuro.
Pese a niveles históricos en el sistema Cutzamala, la red hidráulica del poniente pierde 40 por ciento del flujo.
Vecinos de Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón enfrentan estiaje crítico en abril por la obsolescencia de tuberías con más de 50 años de uso.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
A pesar de que el Sistema Cutzamala inició el segundo trimestre de 2026 con niveles de almacenamiento superiores al 90 por ciento —el mejor registro en seis años tras las lluvias atípicas de 2025—, la Ciudad de México enfrenta una paradoja hídrica persistente. Contar con presas llenas en el Estado de México y Michoacán no ha garantizado el fin de los tandeos ni de la escasez en las alcaldías del poniente y centro de la capital, debido a una red de distribución cuya obsolescencia provoca la pérdida de casi el 40 por ciento del líquido antes de llegar a los grifos domésticos y comerciales.
El Sistema Cutzamala, una de las obras de ingeniería civil más complejas del mundo, provee aproximadamente el 25 por ciento del agua que consume la Zona Metropolitana del Valle de México. Su flujo beneficia principalmente a las alcaldías Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc, Iztacalco, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Tlalpan y Venustiano Carranza. Sin embargo, la interconexión de este sistema con la red primaria de la Ciudad de México revela una vulnerabilidad estructural crítica: tuberías de asbesto, cemento y fierro fundido que han superado, en la mayoría de los sectores, los 60 años de vida útil.
De acuerdo con datos confirmados de la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua), la Ciudad de México requiere una inversión sostenida y transexenal para sustituir miles de kilómetros de tubería que padece fatiga de materiales por la presión constante y los movimientos telúricos. En la actual temporada de estiaje, que se intensifica a partir de la segunda quincena de abril, el aumento de la temperatura —con máximas previstas de hasta 32 grados centígrados— dispara la demanda de manera exponencial. Esto obliga a las autoridades a incrementar la presión en las líneas de conducción para abastecer las zonas altas del poniente, lo que inevitablemente deriva en nuevas fracturas y fugas subterráneas que tardan días en ser detectadas y reparadas.
El presupuesto asignado para este 2026 contempla una partida de 7 mil millones de pesos para infraestructura hídrica, de los cuales una fracción significativa se destina a la sectorización de la red. Esta estrategia busca dividir la ciudad en distritos hidrométricos para controlar presiones de forma selectiva y detectar fugas de manera automatizada mediante telemetría. No obstante, el ritmo de modernización compite contra el deterioro natural de un suelo que presenta hundimientos diferenciales, fracturando los ductos y contaminando en ocasiones el agua potable con filtraciones del subsuelo. Los especialistas de la UNAM y del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) coinciden en que la eficiencia física de la red es el mayor reto técnico de la década.
En demarcaciones como Benito Juárez y Miguel Hidalgo, que dependen directamente del flujo del Cutzamala, la problemática se manifiesta en presiones intermitentes que afectan el llenado de cisternas. Mientras las presas de Valle de Bravo, Villa Victoria y El Bosque muestran una recuperación histórica, el Sacmex reporta que las brigadas de reparación atienden un promedio de 150 fugas diarias en toda la metrópoli. La paradoja es clara: el recurso existe en las fuentes externas de abastecimiento, pero la infraestructura citadina es un colador que impide que esa abundancia se traduzca en seguridad hídrica real para los habitantes de las zonas centrales.
Para finales de abril, el panorama de estiaje se agudiza no por la falta de lluvia en las cuencas, sino por la evaporación y un consumo humano que alcanza sus picos anuales. La administración central ha reforzado el sistema de monitoreo para equilibrar el reparto entre las alcaldías del poniente y la zona oriente, históricamente castigada por el desabasto. Sin una renovación integral de la red primaria, el Cutzamala seguirá siendo un esfuerzo de ingeniería monumental cuyo beneficio se diluye literalmente en el subsuelo de una capital que no logra modernizar sus entrañas operativas, condenando a la población a un racionamiento administrativo que no corresponde a la disponibilidad real del líquido en las presas del sistema.
















