Ciudad de México, agosto 13, 2026 01:04
Alcaldía Tlalpan

Van por meter en cintura a franeleros ilegales en zona de hospitales de Tlalpan

Sólo 50 vecinos de Belisario Domínguez y Sección XVI serán acreditados como acomodadores; los demás tendrán que retirarse

No podrán apartar lugares ni exigir cuotas; habrá gafetes infalsificables, teléfonos para denunciar abusos y facilidades para pacientes con dificultades de movilidad

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Esta semana, promete la Alcaldía Tlalpan, comenzará una nueva etapa en la zona de hospitales: los franeleros que durante años han convertido las calles en un negocio particular serán sometidos a un esquema de identificación y reglas que, según la autoridad, impedirá que vuelvan a apropiarse de los espacios públicos.

Emiliano Valadez, director jurídico de la Alcaldía Tlalpan, informó a Libre en el Sur que se realizó un censo para determinar quiénes son realmente vecinos de las colonias Belisario Domínguez y Sección XVI y cuáles de ellos han desempeñado durante varias generaciones el oficio de acomodadores.

El resultado, según el funcionario, es que no son más de 50. Sólo ellos podrán recibir acreditación oficial y continuar con esa actividad; los demás tendrán que retirarse.

Los franeleros que no son residentes ya están identificados, aseguró Valadez. Incluso, dijo, la autoridad tiene fotografiados automóviles que utilizan para trasladarse a la zona y apartar lugares.

“Esto ya no se va a tolerar”, enfatizó.

Los vecinos que históricamente han realizado esa actividad podrán continuar, pero bajo reglas estrictas. No podrán apartar lugares, colocar objetos para reservarlos ni cobrar una tarifa. Únicamente podrán recibir aportaciones voluntarias de los automovilistas.

“Es la mayor concentración hospitalaria de América Latina”, explica Valadez al referirse al conjunto de institutos y hospitales de alta especialidad asentados en esta parte de Tlalpan.

Ahí se encuentran, entre otros, los institutos nacionales de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, de Cardiología Ignacio Chávez, de Cancerología, de Enfermedades Respiratorias y de Rehabilitación, además de otros centros médicos. Por sus calles circulan diariamente pacientes, familiares, trabajadores, ambulancias y vehículos procedentes de distintos puntos de la Ciudad de México y de otros estados del país.

Pero la presión sobre el estacionamiento no es atribuible solamente a los franeleros. Valadez reconoce también la falta de transporte eficiente y de estacionamientos adecuados. Los propios institutos de salud, señala, ni siquiera cuentan con suficientes cajones para su personal, de modo que trabajadores, pacientes y familiares terminan disputándose los espacios disponibles en las calles.

En ese déficit se instaló durante años el negocio de los llamados “viene-viene”.

La magnitud que alcanzó la apropiación del espacio público quedó de manifiesto en uno de los operativos previos. En una intervención realizada en marzo pasado, explica Valadez, fueron decomisadas seis toneladas de artículos utilizados para apartar lugares.

Botes, cubetas, huacales, botellas y toda clase de objetos eran colocados sobre la vía pública para impedir que un automovilista ocupara un cajón. Entre lo retirado había incluso un sillón.

Pero aquel operativo no estuvo exento de violencia. De acuerdo con el director jurídico, los franeleros reaccionaron con tal agresividad que una empleada de la Alcaldía resultó herida.

El episodio muestra hasta qué punto había escalado el conflicto en torno al control de los espacios: no se trataba solamente de retirar objetos de la calle, sino de enfrentar a quienes durante años habían convertido esos lugares en una fuente de ingresos.

Valadez. No más tolerancia

Casi dos años de denuncias y un operativo fallido

Libre en el Sur documentó ampliamente esta situación desde diciembre de 2024, cuando dio cuenta de cómo decenas de franeleros tenían copados cientos de cajones en las inmediaciones de los institutos nacionales de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Cardiología Ignacio Chávez y otros centros hospitalarios.

El problema se extendía por Vasco de Quiroga, Juan Badiano, San Fernando, Fray Pedro de Gante, Jardín, Ingeniero A. Vidal, Martín de la Cruz, Casino Casahonda, Niño Jesús y Miguel Hidalgo, además de varias calles interiores de la zona.

En esos puntos, los llamados acomodadores apartaban los espacios con botes, huacales, botellas de plástico y otros objetos. Las cuotas obligatorias iban de 40 a 50 pesos y llegaban hasta 70 pesos en las horas de mayor demanda. Ahora, explica Valadez, la autoridad ha detectado que a los automovilistas que llegan en vehículos de lujo los franeleros les llegaban a exigir hasta 300 pesos.

También fueron documentadas actitudes intimidatorias contra quienes se negaban a pagar.

El negocio se desarrollaba alrededor de hospitales donde pacientes y familiares llegan con una necesidad que difícilmente admite alternativas: encontrar un lugar para detenerse, bajar a un enfermo o acudir a una consulta. La situación afectaba además a los vecinos de las colonias circundantes, cuyas calles y accesos terminaban incorporados al sistema informal de apartamiento.

Tres meses después de aquella denuncia, en marzo de 2025, la Alcaldía Tlalpan y la Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegaron un operativo que prácticamente hizo desaparecer a los franeleros de las principales vialidades de la zona.

La intervención incluyó la avenida San Fernando, la Calzada de Tlalpan y Vasco de Quiroga, además de calles adyacentes a Nutrición, Cancerología y Cardiología. También se colocaron decenas de conos para impedir el estacionamiento en determinados puntos y ordenar la circulación.

Parecía que el problema había sido finalmente enfrentado.

No fue así.

La cobertura de Libre en el Sur de aquel momento dejó constancia de que todavía persistían franeleros en calles interiores de Belisario Domínguez y Sección XVI y de que continuaba funcionando sin regulación un estacionamiento sobre Juan Badiano.

Con el paso de los meses, los franeleros regresaron.

En mayo de 2026, Libre en el Sur volvió a documentar la situación alrededor de los institutos nacionales de salud. Los franeleros habían recuperado espacios y cobraban nuevamente hasta 50 pesos por estacionarse en lugares apropiados ilegalmente. A la par persistían automóviles sobre banquetas, obstrucción de pasos peatonales, comercio irregular y saturación vial.

El antecedente explica por qué la Alcaldía busca ahora que la solución no dependa exclusivamente de otro operativo.

Zona de hospitales. Caos, franeleros, ilegalidad…

Gafetes, denuncias y prioridad para pacientes

Los acomodadores acreditados deberán portar un gafete oficial e infalsificable, con su fotografía. En la parte frontal llevará, de manera destacada, la leyenda: “PROHIBIDO COBRO O TARIFA OBLIGATORIA”.

Los nuevos lineamientos serán colocados también en mantas distribuidas en distintos puntos de la zona, de manera que los automovilistas puedan conocer las reglas.

Tanto en las mantas como en los gafetes aparecerán teléfonos para reportar cualquier abuso por parte de los acomodadores. Los números proporcionados por Valadez son 55 5655 0023, 55 5485 5042 y 55 5485 4812.

De acuerdo con el funcionario, las denuncias serán atendidas de manera inmediata y cualquier abuso por parte de un acomodador autorizado implicará su consignación.

El nuevo esquema contempla además una situación particularmente sensible: los automovilistas que transporten pacientes con dificultades de locomoción o personas de edad avanzada tendrán facilidades para detenerse en la puerta del nosocomio correspondiente y permitirles descender, con el auxilio de personal especializado.

La intención es distinguir entre quien necesita acercar a un paciente a la entrada del hospital y quien pretende apropiarse de un espacio público para estacionarse y cobrar por él.

Hay además una dificultad administrativa: parte del territorio de la zona hospitalaria es federal. Valadez reconoce que durante años esta condición contribuyó al desorden por la falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Dispuesto a afrontar las fallas anteriores, el funcionario asume que esa falta de coordinación ya no puede convertirse en una justificación para no actuar. Tlalpan, sostiene, tiene que asumir la parte que le corresponde y no existen pretextos para dejar que el problema continúe.

La diversidad de competencias permitió que el problema pasara de una autoridad a otra sin una solución sostenida. Pero Tlalpan, asegura el funcionario, no pretende utilizarlo como argumento para deslindarse.

Ya no se trata, dijo, de “echarse la bolita”.

“Nosotros vamos a asumir nuestra parte”, afirmó.

La nueva estrategia parte así de un padrón reducido: no más de 50 vecinos de Belisario Domínguez y Sección XVI podrán continuar como acomodadores. Los demás deberán retirarse. Quienes sí sean acreditados tendrán identificación oficial, pero no podrán apartar cajones, colocar objetos para reservarlos ni establecer tarifas.

El automovilista podrá entregar una aportación, pero ésta deberá ser voluntaria. Y si un acomodador pretende convertirla en cobro obligatorio, el ciudadano tendrá teléfonos visibles para denunciarlo.

La experiencia reciente obliga, sin embargo, a medir el resultado más allá de los primeros días. En diciembre de 2024, Libre en el Sur documentó cobros de hasta 70 pesos y la apropiación de numerosos espacios públicos; ahora la autoridad refiere que a los propietarios de vehículos de lujo se les llegaba a exigir hasta 300 pesos. En marzo de 2025, un operativo los retiró de las principales calles, pero no consiguió impedir su regreso. Para mayo de 2026, los franeleros habían recuperado buena parte de la zona.

Esta semana comienza, según Valadez, una nueva etapa. El reto será que el orden permanezca cuando termine el operativo y que las calles de la zona hospitalaria vuelvan a ser, efectivamente, espacios públicos.

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