Ciudad de México, septiembre 18, 2026 21:09
Alcaldía Benito Juárez

Quiebra abandono a Insurgentes Mixcoac, la zona patrimonial más importante de la Alcaldía BJ

Basura, lodo, maleza, grafiti, banquetas fracturadas y adoquines rotos aparecen alrededor de uno de los conjuntos históricos, arquitectónicos y literarios más valiosas de CDMX

Santo Domingo de Guzmán, el antiguo Obraje de Mixcoac, la casa de Fernández de Lizardi, la memoria de Octavio Paz y la Casa de Cultura Juan Rulfo forman parte de un paisaje patrimonial que hoy acusa la falta de mantenimiento.

Millones de pesos han sido destinados a rehabilitar espacios de este entorno; sin embargo, los adoquines vuelven a romperse, las áreas verdes se convierten en lodo, se acumula basura y hasta el reloj de la Juan Rulfo está roto.

FRANCISCO ORTIZ PARDO

No hace falta buscar un gran desastre para encontrar el deterioro de Insurgentes Mixcoac. Está debajo de los pies.

En una banqueta rota alrededor de un árbol, en los adoquines levantados, en el agua que queda atrapada junto a un desnivel, en la maleza que crece sin control y en las placas del llamado Muro de la Paz, cuya estructura también acusa el paso del tiempo.

El problema es precisamente ése: no hay una sola ruina espectacular, sino una suma de descuidos pequeños que, juntos, terminan cambiando la fisonomía de un lugar.

Y éste no es un lugar cualquiera. Insurgentes Mixcoac es una de las zonas más hermosas y con mayor historia de toda la alcaldía Benito Juárez, una zona patrimonial de la Ciudad de México donde, en unas cuantas calles, se cruzan la historia religiosa de la Nueva España, la arquitectura, la literatura y la memoria de personajes fundamentales de la cultura mexicana.

Ahí está Santo Domingo de Guzmán, uno de los inmuebles históricos fundamentales de Mixcoac. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando fue fundado por franciscanos y posteriormente pasó a manos de los dominicos. El INAH lo tiene registrado como monumento histórico.

Es, probablemente, la pieza patrimonial de mayor valor dentro del conjunto de Mixcoac y una de las iglesias que permiten entender la antigüedad de este antiguo pueblo, absorbido después por el crecimiento de la capital.

Alrededor del templo sobrevivieron también tradiciones religiosas y comunitarias que siguen formando parte de la vida del barrio, entre ellas las celebraciones decembrinas y la instalación de belenes.

A unos pasos aparece el antiguo Obraje de Santo Domingo, otro inmueble histórico catalogado por el INAH y actualmente integrado al entorno de la Universidad Panamericana. Los portales, los muros y la arquitectura cuentan una historia que contrasta con lo que ocurre afuera: basura acumulada y zonas que deberían ser verdes convertidas en superficies de lodo.

En el paso peatonal que comunica los antiguos portales con el conjunto de la universidad, los adoquines aparecen rotos, desnivelados o simplemente faltantes. No es sólo una cuestión de apariencia. En un sitio donde el espacio público sirve también como recorrido por el patrimonio, una banqueta deteriorada termina afectando la manera en que ese patrimonio puede ser vivido.

Y todavía hay más.

En una de las casas vinculadas con José Joaquín Fernández de Lizardi está la memoria del autor de El Periquillo Sarniento. Mixcoac forma parte de la biografía del escritor y de la historia de una obra que se considera fundamental para la literatura mexicana.

También está Octavio Paz, quien pasó parte de su infancia y juventud en Mixcoac y convirtió el antiguo barrio en una referencia de su memoria. El poeta habló de ese paisaje en su obra y el propio INBAL ha recuperado la relación entre Paz y Mixcoac mediante recorridos y actividades literarias.

Todo eso está ahí, a la vista.

La iglesia, las casas, los portales, las calles, los árboles, las plazas.

Y también el deterioro.

Millones de pesos y el deterioro que vuelve

Lo más llamativo es que el estado actual del espacio público no puede explicarse por falta de intervenciones recientes.

Durante la administración de Santiago Taboada en Benito Juárez se realizaron obras en el entorno de Insurgentes Mixcoac. En el Presupuesto Participativo 2022 aparece el proyecto “Revitalizando el corazón de la colonia Insurgentes Mixcoac: Corredor Verde Plaza Jáuregui-Canova”, con recursos superiores a 1.2 millones de pesos.

En 2023, además, la Plaza Agustín Jáuregui fue intervenida con recursos provenientes de parquímetros. La obra fue reportada con una inversión cercana a 7.5 millones de pesos e incluyó trabajos de pavimentación, nivelación, mobiliario, iluminación, señalización y vegetación.

La pregunta que deja el recorrido es sencilla: ¿qué ocurre con una obra pública después de inaugurada?

Porque una rehabilitación no termina cuando se coloca el último adoquín. Una plaza, un jardín o un corredor peatonal requieren mantenimiento cotidiano. Sin él, el deterioro vuelve a aparecer y la inversión realizada comienza a perderse bajo la suciedad, el agua estancada, las raíces, la maleza y el desgaste.

Eso es lo que muestran las fotografías actuales.

Los adoquines vuelven a romperse. Las superficies pierden nivel. El agua queda atrapada en algunos puntos. Las áreas que deberían ser verdes se transforman en lodo y la basura comienza a formar parte del paisaje. Y, sin ninguna explicación, en plena zona patrimonial aparece el ambulantaje.

El caso de la Casa de Cultura Juan Rulfo resulta particularmente revelador. El inmueble de Campana 59 fue sometido en 2019 a trabajos de rehabilitación y mantenimiento mediante un contrato por 5.8 millones de pesos. La intervención permitió su posterior reapertura como espacio cultural.

Pero hoy hay un detalle que parece menor y termina siendo simbólico: hasta el reloj de la Juan Rulfo está roto.

En un edificio dedicado a la cultura, que lleva el nombre de uno de los grandes escritores mexicanos y que fue objeto de una rehabilitación millonaria, el estado de sus elementos visibles plantea la misma pregunta que los adoquines de la plaza: ¿quién mantiene lo que ya fue rehabilitado?

filter: 0; fileterIntensity: 0.0; filterMask: 0; hdrForward: 0; module: photo;hw-remosaic: false;touch: (-1.0, -1.0);sceneMode: 8;cct_value: 0;AI_Scene: (-1, -1);aec_lux: 0.0;aec_lux_index: 0;HdrStatus: off;albedo: ;confidence: ;motionLevel: -1;weatherinfo: null;temperature: 29;

El patrimonio que se ve desde la calle

Hay otra imagen que resume el problema: el Muro de la Paz, integrado por placas colocadas en el año 2000 con mensajes relacionados con la paz y el derecho a vivir en ella.

Las placas permanecen, pero el tiempo también ha dejado sus marcas. Hay deterioro en la estructura, suciedad y vegetación alrededor, como ocurre en distintos puntos del entorno.

No hace falta entrar a un archivo para descubrir el valor histórico de Insurgentes Mixcoac. Está en la calle.

Está en Santo Domingo, en los portales del antiguo Obraje, en las casas relacionadas con Fernández de Lizardi, en las huellas de Octavio Paz, en la Juan Rulfo y en las plazas que han recibido recursos para ser rehabilitadas.

Las fotografías no pueden establecer cuándo se rompió cada adoquín, quién dejó cada bolsa de basura o cuándo dejó de funcionar el reloj. Tampoco permiten determinar por sí solas las causas de cada deterioro. Pero sí registran el estado actual de un espacio público que concentra una parte excepcional de la historia de Benito Juárez.

Y queda una pregunta que resulta más difícil de esquivar: ¿quién está encargado de cuidar todo esto?

Pareciera que los primeros en no conocer —o, al menos, en no reconocer mediante el cuidado cotidiano— la historia tan valiosa que guarda Insurgentes Mixcoac son precisamente quienes tienen a su cargo la administración de la alcaldía.

¿Será desconocimiento? ¿O será el desdén? Las fotografías no pueden responderlo. Lo que sí muestran es el resultado: un entorno patrimonial que, pese a las inversiones realizadas, vuelve a presentar basura, lodo, adoquines rotos, vegetación descuidada y hasta el reloj de la Juan Rulfo fuera de funcionamiento.

Porque para reconocer el valor de Mixcoac no hace falta una ceremonia ni otro proyecto. Bastaría caminarlo. Recorrer sus portales, mirar Santo Domingo, detenerse frente a los antiguos inmuebles, seguir las huellas de Fernández de Lizardi y Octavio Paz y observar cómo está tratado el espacio que une todo ese patrimonio.

Quizá entonces resultaría más difícil dejar que una zona así se deteriore poco a poco, a la vista de todos.

Compartir

comentarios

Artículos relacionadas