Ciudad de México, noviembre 1, 2026 07:09
Revista Digital Noviembre 2026

Anhelo pendiente

“Y si de anhelos incumplidos se trata, hoy lamento que estamos de regreso a un régimen autoritario que ha destruido los costosos andamios democráticos…”

POR FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

He escrito en estas mismas  páginas que a mi edad tengo realmente pocos pendientes y que me siento francamente satisfecho de mi vida. Acaso me hubiera gustado conocer más lugares del mundo que los que he tenido la suerte de visitar. Sin duda haber compartido muchas más cosas, momentos, lugares, vivencias con mis seres queridos, que ya no están. Con Becky, en particular.  O dar a mis hijos mucho más atención, cariño y apoyo de lo que he podido. Por lo demás, creo estar preparado y tranquilo para afrontar el destino. Y tener todavía, intacta, mi capacidad de emocionarme.

Eso no quiere decir por supuesto que no tenga cuentas por pagar, que es bien distinto. Algunas de ellas, ciertamente difíciles de saldar. Eso me inquieta, cierto. Y es que uno quisiera dejar nuestra contabilidad en ceros. Asegurarse de que nadie tenga algún pagaré espiritual o afectivo que cobrarme es sumamente difícil. Imoposible tal vez.

Tampoco quiere decir que esté satisfecho con mi entorno, que es mi país. Como periodista dediqué muchos años a revelar situaciones de injusticia, desigualdad y explotación que sufren millones de compatriotas. Entendí que las soluciones concretas y particulares no eran la solución. El problema era un sistema esencialmente injusto y autoritario que fomentaba esos males y en cambio beneficiaba a unos pocos. La denuncia de esa realidad se convirtió entonces en mi objetivo profesional, a través de mis reportajes, sustentados no en motivaciones ideológicas sino en los hechos.

Denunciar el enriquecimiento bien explicable de los políticos, descubrir los vericuetos de la corrupción,  atestiguar la lucha de los promotores del cambio, que permitiera el acceso a la democracia; documentar los fraudes electorales fueron mis temas durante más de 20 años en las páginas del semanario Proceso. En el año 2000 fui a la vez víctima de una cesura en mi propio medio y cronista de la transición democrática. Y a partir de entonces, pude seguir observando la lenta construcción de instituciones que defendieran, conservaran y perfeccionaran paulatinamente el un uevo sistema mexicano, cuyo eslabón definitivo quedaba por alcanzarse: la justicia social.

Y si de anhelos incumplidos se trata, hoy lamento que estamos de regreso a un régimen autoritario que ha destruido esos andamios democráticos. La independencia de los poderes Judicial y Legislativo con respecto al Ejecutivo está demolida. Los órganos vigilante de la transparencia y la rendición de cuentas no existen más. La certeza de elecciones limpias y confiables se ha esfumado. La hegemonía de un partido y sus cómplices se sustenta fundamentalmente en el reparto indiscriminado de dinero mediante programas sociales más populistas y electoreros que justicieros y realmente distributivos. Y la oposición formal, mediocre y corrupta, es ineficaz.

En ese sentido, está claro, no puedo estar satisfecho. En otro contexto en el que vivo actualmente, dedicado a la edición de un medio comunitario como Libre en el Sur, y a mi columna semanal en SinEmbargo Mx, procuro abonar granitos de arena al advertir de la amenaza a ese largo anhelo democrático al que en alguna forma millones dedicamos nuestras vidas. Por una o por otra cosa, hemos caído lamentablemente en manos de unos farsantes.

No podría sin embargo asegurar que a mi edad, los 82 apenas, estoy satisfecho y tranquilo si no fuera básicamente optimista: creo que sufrimos un hondo bache en el camino de la democratización de este país, pero que lo vamos a superar. Más temprano que tarde, como suele decirse, retomaremos el rumbo. Ese es mi anhelo pendiente.

Compartir

comentarios

Artículos relacionadas