Ciudad de México, noviembre 1, 2026 07:11
Revista Digital Noviembre 2026

The Knick: medicina real en la ficción

“La serie retrata con fidelidad un paradigma compartido: los saberes quirúrgicos circulaban entre Nueva York, Europa y México casi al mismo ritmo”.

POR NADIA MENÉNDEZ DI PARDO

El cine y las series también enseñan medicina. Desde hace más de dos décadas, varias facultades usan películas como recurso docente, y la Universidad de Salamanca publica una revista dedicada al tema, la Revista de Medicina y Cine. Una revisión con estudios de 15 países concluyó que el cine favorece el pensamiento crítico, el humanismo médico y la integración entre teoría y clínica (Jiménez Silgado et al., 2024).

Un buen ejemplo es The Knick, serie que reconstruye el nacimiento de la cirugía moderna a través del Dr. John Thackery, personaje inspirado en un cirujano real: William Stewart Halsted. The Knick (Cinemax, 2014-2015), dirigida por Steven Soderbergh, se ambienta en 1900, en una versión ficticia del Knickerbocker Hospital, ubicada en el bajo Manhattan e inspirada en un hospital real de Harlem que adoptó ese nombre en 1913. Es una época marcada por la tuberculosis, el cólera y la ausencia de antibióticos (Neighbor, 2014).

Clive Owen interpreta a Thackery, jefe de cirugía brillante y adicto a la cocaína. El actor explicó que el personaje se basa en Halsted y que cada operación se preparó con fotografías y folletos médicos de la época (NPR, 2014). El asesor médico fue el Dr. Stanley Burns, cirujano e historiador con un archivo de más de un millón de fotografías médicas, quien supervisó todas las escenas quirúrgicas (Warmflash, 2016).

Halsted (1852-1922) se graduó en Columbia en 1877 y se formó en Europa (Johns Hopkins Medical Archives, s. f.). En 1884, al conocer los experimentos austriacos con cocaína como anestésico local, la probó en sí mismo y en sus colaboradores, y se volvió adicto (Columbia Magazine, 2022). Lo trataron sustituyendo la cocaína por heroína y morfina, pero conservó esa dependencia durante toda su vida, hasta su muerte.

En 1886 se integró a la nueva Johns Hopkins, donde, en 1890, fue nombrado primer cirujano en jefe y creó el primer programa formal de residencia quirúrgica de Estados Unidos (Johns Hopkins Medical Archives, s. f.). Thackery encarna su genialidad, su obsesión experimental y su adicción, aunque el Halsted real era reservado, lento y meticuloso (Deng, 2014).

La serie retrata el paso de una cirugía peligrosa y teatral a una disciplina científica. Cinco paradigmas de la época aparecen en pantalla.

La antisepsia. Antes de 1867, las infecciones postoperatorias mataban a buena parte de los operados. Inspirado en Pasteur, Joseph Lister propuso desinfectar heridas, manos e instrumentos con ácido carbólico (Lister, 1867). Hacia 1900, este paradigma ya era aceptado, y la serie lo muestra en el lavado químico y el temor constante a la sepsis.

La anestesia local con cocaína. En 1884, Carl Koller demostró en Heidelberg que unas gotas de cocaína anestesiaban la córnea (Koller, 1884). Halsted fue más allá: inyectó cocaína en troncos nerviosos y describió el bloqueo regional, base de la anestesia regional moderna (Halsted, 1885). La cocaína que utiliza Thackery era un fármaco de vanguardia cuyo poder adictivo se desconocía.

Los guantes quirúrgicos. En 1889-1890, la enfermera Caroline Hampton sufría dermatitis por el cloruro de mercurio, por lo que Halsted encargó a Goodyear guantes delgados de goma para protegerla (Johns Hopkins Medical Archives, s. f.). Solo después se entendió que protegían, sobre todo, al paciente (Columbia Magazine, 2022).

La mastectomía radical. En 1894, Halsted publicó 50 casos operados en Johns Hopkins con extirpación de la mama, los pectorales y los ganglios axilares (Halsted, 1894). Fue el tratamiento estándar del cáncer de mama hasta la década de 1970.

El quirófano como teatro. Las cirugías ante gradas llenas de médicos y estudiantes son fieles a la época: el Archivo Burns conserva una fotografía de 1902 de un anfiteatro repleto en Filadelfia (JSTOR Daily, 2015).

La serie se permite licencias. Hacia 1900, la cirugía era más aceptada de lo que sugiere la producción, y sus cirujanos operan sin guantes, aunque Halsted ya los usaba desde finales de la década de 1890 (Deng, 2014). El propio Burns lo admite: la serie no es un documental (Warmflash, 2016).

Distinguir lo histórico de lo dramático es, en sí mismo, un ejercicio de complejidad científica. Las series médicas son hoy objeto de estudio y herramienta docente legítima (Baños, Cambra Badii y Guardiola, 2019). The Knick fue analizada en la Revista de Medicina y Cine por ofrecer una visión histórica impecable, detallada y rigurosa de la medicina, que muestra los aciertos y los errores de sus protagonistas (Bianchi y Jiménez Segovia, 2019).

Como historiadora de la medicina dedicada a este periodo, al ver The Knick no pude dejar de reconocer en sus escenas lo que he encontrado en las fuentes médicas mexicanas de finales del siglo XIX y principios del XX. Los procedimientos de antisepsia, el uso de la cocaína como anestésico local, la preocupación por la infección postoperatoria y la cirugía entendida como espectáculo académico aparecen en la serie con un rigor y un detalle que coinciden plenamente con lo que registran los médicos mexicanos de la época.

Esa correspondencia confirma que los saberes quirúrgicos circulaban entre Nueva York, Europa y México casi al mismo ritmo, y que la serie retrata con fidelidad un paradigma compartido. A su vez, demuestra cómo cambia el conocimiento médico, humaniza la ciencia al exponer su costo ético y personal, y despierta la curiosidad que lleva al espectador a leer a Lister, Koller o Halsted.

Thackery es ficción, pero los saberes que pone en escena son reales. The Knick demuestra que una serie espectacularmente documentada abre un espacio para entender procesos complejos, como la historia de la medicina.

Este médico paradigmático vivió en el hospital, lo volvió su casa e hizo de la investigación su refugio. Entre pruebas, fracasos y nuevos intentos, buscó curas sin descanso y, en esa búsqueda, entregó poco a poco toda su vida.

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