Ciudad de México, octubre 1, 2026 07:18
Revista Digital Octubre 2026

El día que dejamos de manejar

Ya nació el primer ser humano que no va a necesitar licencia para manejar

POR ESTEBAN ORTIZ CASTAÑARES

Hace un par de años asistí a una presentación de tecnología y uno de los temas más importantes era el futuro desarrollo del auto. La ponencia —que se concentraba en los vehículos autónomos, es decir, aquellos que no requieren un conductor— inició su exposición con la frase: «Ya nació el primer ser humano que no va a necesitar licencia para manejar».

En ese momento, me pareció más un eslogan de mercadotecnia que una prospección del futuro… Y me equivoqué…

El 3 de septiembre de 2026, en Austin, Texas, Tesla hizo un evento para mostrar su modelo de robotaxis «Cyber Cab», vehículos que no tienen ni volante ni pedales. El evento no fue la presentación inicial del modelo —Tesla había presentado el Cybercab en 2024—, sino el inicio de su utilización comercial en un área limitada de Austin, con más de 40 unidades especialmente construidas para el servicio.

Tesla no ha sido la pionera en robotaxis. La primera en el mundo fue Waymo —propiedad de Google—, que inició sus servicios en 2020, sin conductor, en un área limitada de Phoenix, Arizona, en un proyecto en el que posteriormente se integró con Uber. A partir de 2023 incursionó en las grandes metrópolis: empezó en San Francisco y después se expandió a Los Ángeles y a Austin. Al día de hoy, cuenta con casi 4,000 vehículos en operación que dan 500,000 servicios semanales. Y también, el pasado septiembre, anunció su expansión a gran escala, que terminará de cubrir 14 metrópolis norteamericanas.

China, con la empresa Baidu, se ha convertido en el tercer productor más importante de este tipo de vehículos y servicios. Tiene presencia en 28 ciudades —solo en China— y, con más de 1,000 unidades, genera 350,000 servicios semanales. Además, ha desarrollado un ambicioso proyecto de expansión: próximamente iniciará operaciones regulares en los Emiratos Árabes y ya inició pruebas en Londres y, por cierto, la empresa Waymo en Múnich, Alemania.

En este momento, los costos son ligeramente mayores que los de los servicios convencionales, por el mantenimiento de esta nueva tecnología. Pero, por economías de escala y al no requerir de un conductor, se espera que el precio se reduzca entre un 40% y un 50% para 2035, de acuerdo con un estudio que hizo la empresa McKinsey. Tesla tiene como objetivo llegar a una reducción del 90% del precio que se paga en EE. UU.

La aparición de esta tecnología es una de las transformaciones urbanas más profundas desde la invención del automóvil. Si las tendencias se mantienen, reducirá la necesidad de tener un auto, provocando un hito disruptivo que transformará nuestra cultura, las necesidades urbanas y sociales en todo el mundo y cambiará la manera como entendemos la movilidad.

La conducción automatizada podría permitir una utilización más eficiente del espacio vial mediante trayectorias más precisas y una coordinación más estrecha entre vehículos, lo que podrá crear nuevos espacios para ciclovías o mejorar las banquetas y áreas peatonales.

Si los planes de reducción de costos se logran, se reducirá, además, la necesidad de autos particulares y del gran espacio destinado a estacionamientos en las ciudades, pudiendo transformarlos en zonas verdes o áreas para nuevas viviendas.

Conforme al reporte de Waymo, tras 203 millones de kilómetros completamente autónomos, se observó una reducción del 90% de accidentes viales; eso significa que no solo habrá una reducción drástica en los costos materiales y humanos, sino que se reducirán los problemas de tráfico derivados de dichos percances.

Creará independencia para los sectores sociales más vulnerables. Las personas de la tercera edad, las personas con discapacidades visuales o motrices y los menores de edad podrán desplazarse sin depender de un conductor humano.

Pero, como en todo, estos nuevos servicios, cuando estén plenamente establecidos, generarán nuevos retos y problemas.

El más importante es el laboral. El sector del servicio de transporte privado —taxis— prácticamente dejará de existir. Y, a pesar de que se generará una nueva gran industria que requerirá mantener y controlar los servicios de robotaxis, se requerirá mucho menos gente que la que perderá su trabajo.

Los puestos requerirán de conocimientos técnicos especializados que difícilmente podrá desarrollar un transportista en un corto plazo. Y este tipo de servicios se extenderá a otros sectores del transporte, sobre todo al de mercancías, que, a nivel mundial, da empleo aproximadamente a 200 millones de personas, por lo que una implementación masiva y rápida podría generar una crisis social.

El servicio creará una demanda exponencial de energía eléctrica, que en algunos países —como el nuestro— sigue siendo insuficiente para, inclusive, cubrir las necesidades actuales. Pero probablemente ayudará al desarrollo de alternativas ecológicas —como celdas fotovoltaicas—, como lo estamos viendo con el crecimiento de estas tecnologías en la Unión Americana.

La sobredemanda de estos servicios, además, podrá incrementar el número de coches en circulación, empeorando el tráfico urbano. Por lo que se requerirá, además, un plan estructural que logre mantener atractivos los servicios públicos y alternativos —como la bicicleta—, ofreciendo tiempos menores de transporte, por contar con carriles confinados, por ejemplo.

¿Y en la parte cultural?… Se democratizarán los servicios individuales de transporte, dejando de ser un lujo para la movilidad. Y el auto dejará de ser una referencia de estatus.

Y… ¿Qué tan lejos estamos de esta transformación?

De acuerdo con la empresa de investigación de mercados Goldman Sachs Research, se espera una consolidación en grandes ciudades y mercados clave a partir de 2030, generando una adopción de más de 6 millones de unidades en el mundo a partir de 2035.

Independientemente de los pronósticos, el proceso de transformación dependerá de la necesidad, los inversionistas, la velocidad para crear un modelo legal y el soporte de infraestructura que la urbe podrá dar para poner en servicio dichos robotaxis.

Es probable que, en nuestro país, más allá de una parte experimental, empecemos a ver estos servicios en operación mucho después.

De las cosas que inevitablemente entorpecerán su implementación está la falta de un marco legal y el deslindamiento de responsabilidades —quién es responsable si algo ocurre—. Las discusiones legislativas de movilidad siguen concentradas en regular el transporte de plataformas tradicionales, como Uber o DiDi, y el ordenamiento de vehículos eléctricos personales, como los scooters.

Pero si la sociedad, a causa de la gran necesidad de seguridad, ecología y costos, genera una presión y hay una respuesta gubernamental, la CDMX podrá empezar a ver estos servicios en menos de 10 años.

Conforme al censo de ocupación de 2026 del INEGI, hay aproximadamente 936,000 personas en el sector de transporte en la CDMX y el Estado de México.

¿A qué se dedicarán las personas que hoy viven de conducir cuando el futuro nos alcance?

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