Ciudad de México, octubre 1, 2026 08:38
Opinión Revista Digital Octubre 2026

La decencia

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“Él, en la elaboración de su duelo, se vuelve experto en las heridas de ella y lo que le pasa; por ejemplo que si a ella se le tocaba demasiado cerca, desaparecía. Y seguro sí”.

POR ADRIANA SEGOVIA

Honrar nuestro amor es una novela sobre una relación amorosa en tres tiempos: la historia de la relación, el rompimiento y el duelo.

Narrada en primera persona desde el hombre de esta relación heterosexual, me resulta muy interesante como terapeuta que ha acompañado a muchas parejas e individuos, y como mujer que ha vivido también estos procesos.

Como sea, para enamorarnos no tenemos que leer nada, ni necesitamos terapia ni consejos. Pero para atravesar un rompimiento, no hay sol que nos caliente ni libro que nos salve.

Qué importante poder entrar, como lectoras y lectores, casi al mismo tiempo, a los tres tiempos: al enamoramiento, al rompimiento y al duelo; porque cuando se está describiendo el enamoramiento, no tiene sentido el rompimiento, y cuando se está en el rompimiento y en el vacío de la ausencia, pierde algo de sentido el enamoramiento. Porque cómo que si éste era un amor tan especial, descrito por ella como “el amor que le cambió la vida”, “el amor más hermoso del mundo”, se rompe con ese amor. Quizá como espectadores todo tenga sentido, y como en una novela de detectives, todos sabíamos quién era el asesino, el asesino del amor. Pero estando adentro, justamente cuando se rompe, cuando te rompen, se desaparecen, y como Él insiste, encima, sin explicación, no hay mucho de dónde agarrarse, acaso de algo tan frágil como de un vestido olvidado por la amada.

Pero, ¿romper siempre es tan devastador? ¿Todos lo vieron venir menos nosotros?

¿Hay buenas y malas formas de romper?

Terminar una relación siempre es doloroso, pero lo devastador sí está directamente relacionado con las formas de terminar. Y estas formas tienen algo de las partes tóxicas de la relación, más los tóxicos o las heridas o los traumas de cada miembro de la pareja. Sin duda las buenas terminaciones expresan las partes más saludables y decentes de las personas. Porque que sepamos terminar bien habla de quiénes somos nosotros, no del otro. Es decir, si nos abandonan o se desaparecen no es por nosotros, porque lo merezcamos, es por quiénes son los que desaparecen.

En la relación de la novela hubo mentiras, engaños, relaciones encimadas, ambivalencias, dobles mensajes, doble vínculo y mistificación o gaslighting. Y todo eso convivió con la vivencia y la narrativa compartida de la pareja de un gran amor, único, uno superior a otros.

Nos dice Él que este amor a ella la liberó, la hizo sentir viva. Al mismo tiempo, nos dice Él:

“Yo, que supe poco después de nuestra primera noche juntos que estaba enamorado y que ya no había querido ver a nadie más, no entendía qué lugar tenía en el suyo” (p.87), es decir, en el mundo de ella.

Ella dice cosas como: “Te quiero demasiado como para acercarme”, era un lenguaje cruzado, reconoce Él. Pero eso básicamente es lo que se conoce como el doble vínculo, malo si lo haces y malo si no, lo cual produce atrapamiento, imposibilidad de hacerlo bien. Parece una forma como poética que habla del amor, pero en realidad justifica el alejamiento o abandono.

Y si bien siempre se dice que la responsabilidad de la relación es de dos, lo cierto es que esa responsabilidad nunca es 50 y 50 por ciento, o varía en cada aspecto de la relación. En este caso, las mentiras y los dobles mensajes vinieron principalmente de Ella, de Araida, nos dice Él. Y estos comportamientos no solo van desgastando la relación, van minando la seguridad de quien las recibe. La mistificación es el acto que confunde y por tanto atenta a la percepción. Me declaras un amor superior, y lo creo y lo quiero creer, pero al mismo tiempo vives con tu marido, pero te vas a separar, pero ya te separaste, pero te domina, nos domina, él y/o su sombra. Le eres más leal a esa sombra que a mí. Tus palabras dicen algo, tus actos otra cosa, pero eso no se puede distinguir cuando se está adentro y se quiere creer en el amor. ¿Es un amor real? Sí. Pero un amor real teñido de mentiras como sistema, no se puede nunca asir del todo.

Toda relación, de pareja u otra, es política; en la medida que son relaciones de poder y está moldeada por el contexto y sus instituciones. Esas relaciones de poder tienen que ver con las mayores o menores diferencias de género, de clase, de educación, de estatus, económicas. En este caso, las relaciones de poder están -además- determinadas por el poder político, el real, el de afuera, el del gobierno. Y eso juega un papel importante en el conflicto de la pareja. Pero no solo por ser una pobre víctima de un esposo-ex esposo poderoso, sino porque los poderosos pueden ser personas horribles, pero tremendamente atractivas.

Cómo romper mal o pregúntale a Araida

El primer momento de juego malicioso de Araida es el llamado “pleito ratero”; no es un término terapéutico, pero me entenderán los educados con las películas de Tin Tan o Clavillazo. Yo te robo, pero me hago la ofendida de que tú me robaste, así te confundo y espero a que tú me pidas perdón. Bueno, Él lo dice más bonito: “Era un guion extraño, casi adolescente: el del despecho que necesita victimizarse para desaparecer sin dar explicaciones”.

El segundo momento oscuro y lastimador, profundamente pernicioso es la desaparición. Desaparecer sin más de la vida de quien supuestamente has amado es muy violento. Él, el novio de Araida, insiste en la falta de explicación. Irse sin explicación es desaparecer. Y cuando alguien -que sabemos que está vivo- desaparece de nuestras vidas provoca un vacío profundo, devastador, muy diferente al de los rompimientos con explicaciones, sea que estemos de acuerdo o no, y de los rompimientos con despedidas. Eso es responsabilidad afectiva. Me hago responsable de mis sentimientos, doy cuenta de ellos, y de lo que mis acciones puedan provocar en ti.

El tercer momento oscuro de Araida es pretender honrar el amor con esas palabras “honrar la relación”, pero en los actos volver a decir una cosa y hacer otra. Hablar de amor y lastimar. En algunas corrientes de terapia a veces se proponen rituales de terminación con esas palabras “para honrar la relación”. Me parece alcanzar a oír que alguna terapeuta o amiga le propuso a Araida que lo hiciera. Pero esa es la diferencia entre seguir fórmulas psicológicas simplificadas y un profundo trabajo personal.

Y el cuarto momento oscuro de Araida es devolver los objetos personales con unos escritos que hablan de un amor, pero que no tiene la decencia y la responsabilidad afectiva de dar la cara y responder las preguntas de ese amor. Con una expresión de “perdón” general y vaga y no por alguna acción particular suya que reconozca como dolosa.

En resumen. ¿Por qué hablo de decencia y no de salud mental o emocional? Porque entender nuestras heridas y nuestros traumas en las relaciones ayuda a la empatía y a acomodar nuestros desencuentros con los otros. Él, en la elaboración de su duelo, se vuelve experto en las heridas de ella y lo que le pasa; por ejemplo que si a ella se le tocaba demasiado cerca, desaparecía. Y seguro sí.

Pero la salud mental y emocional está expresada en la salud de las relaciones, no en que yo por ejemplo me sienta súper iluminada pero no sea considerada con mis relaciones significativas. Por eso una palabra que resume la consideración hacia los otros para mí es la decencia: la decencia de hablar, de no negar el diálogo. La decencia es exigible en las relaciones, para nosotros y para los otros, a pesar de nuestras heridas.

Felicidades por tu libro, Paco, que nos lleva a un viaje íntimo a las complejidades de las relaciones de pareja.


Adriana Segovia. Socióloga por la UNAM y maestra en Terapia Familiar por el ILEF. Durante 25 años participó en CAVIDA, equipo especializado en violencia familiar. Es docente y supervisora clínica en el ILEF y ejerce la práctica privada. Colaboró en la UNAM en los programas de Bioética y Diversidades. Ha participado en cursos, publicaciones y medios sobre familias y violencia, desde un enfoque sistémico y narrativo. Colabora en Mujeres Más con la columna Política de lo cotidiano.

Honrar nuestro amor, aquí.

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