Ciudad de México, junio 4, 2026 19:54
Alcaldía Benito Juárez

Mitikah, otra vez: ahora fallan los elevadores en la zona residencial

Autoridad interviene tras los reportes, pero persiste una cadena de fallas que ya no puede considerarse aislada

Interrupciones, fallas operativas, lesionados y momentos de incertidumbre dentro de las cabinas; habitantes reportan nuevos incidentes

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Los elevadores de Mitikah vuelven a fallar. Esta vez no fue en la plaza comercial, sino en la zona residencial, donde habitantes reportaron interrupciones, fallas operativas y momentos de incertidumbre dentro de las cabinas.

La intervención de la autoridad llegó después. Tras los hechos ocurridos el 6 de abril —cuando un elevador presentó una falla que dejó cuatro personas lesionadas, tres de ellas trasladadas a un hospital—, al día siguiente se realizó una inspección técnica que derivó en una medida inusual: la restricción de operación de siete elevadores y un montacargas dentro del conjunto.

No es un dato menor. Implica que una parte sustantiva del sistema de movilidad interna quedó fuera de servicio por no poder acreditarse su funcionamiento seguro.

La determinación fue clara: los equipos no podrán operar hasta que exista certificación técnica que garantice condiciones adecuadas. Es decir, el problema no era solo una falla puntual, sino la ausencia de elementos suficientes para asegurar que no volvería a ocurrir.

En ese contexto, tanto la empresa encargada del mantenimiento —Schindler— como la administración del inmueble quedaron obligadas a presentar los dictámenes técnicos correspondientes. A ello se suma otra omisión relevante: la falta de exhibición del Programa Interno de Protección Civil, un documento básico para cualquier edificio de esta escala, cuya ausencia impide incluso realizar nuevas evaluaciones completas.

La escena, sin embargo, no es nueva. La intervención llega después de la falla.

Como ha consignado Libre en el Sur, en este mismo desarrollo ya se han registrado incidentes graves en elevadores: descensos abruptos, personas lesionadas y episodios de pánico que obligaron a desalojos y revisiones de emergencia.

No se trata de un episodio aislado, sino de una secuencia que se repite.

El problema trasciende la operación cotidiana. Mitikah es el resultado de un modelo de desarrollo que, desde su origen, acumuló tensiones: una construcción prolongada por más de una década, conflictos con vecinos, impacto directo en el entorno de Xoco y decisiones orientadas a maximizar la rentabilidad en uno de los corredores más presionados de la ciudad.

Ese origen explica el presente.

Las fallas en los elevadores no son un detalle menor dentro de un conjunto de alta densidad vertical. Son la evidencia de que lo esencial no está garantizado. En un edificio de esta escala, la movilidad interna es un componente crítico de seguridad, no un servicio accesorio.

La restricción simultánea de varios equipos, la existencia de personas lesionadas y la falta de documentación clave dibujan un escenario más profundo que una simple avería: revelan un sistema que opera al límite, donde las revisiones parecen ir siempre detrás del incidente.

Incluso ahora, la respuesta institucional incluye reuniones informativas con propietarios y llamados generales a revisar certificaciones en otros edificios. Pero el problema aquí no es pedagógico. Es estructural.

La reiteración de incidentes exhibe una cadena de responsabilidades que no se agota en el mantenimiento inmediato. Involucra a la administración, a los desarrolladores y a quienes autorizaron y supervisaron el proyecto.

Mitikah se promovió como emblema de modernidad y exclusividad en el sur de la ciudad. Hoy, sus fallas recurrentes colocan en entredicho esa narrativa.

Aquí no hay sorpresa. Hay antecedentes, hay omisiones y hay responsabilidad.

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