Ciudad de México, noviembre 1, 2026 08:40
Revista Digital Noviembre 2026

¿Le harías una ofrenda a quien diste por muerto?

“Para poder cerrar esas puertas, podría aprovechar mi ofrenda de día de muertos”.

POR FERNANDO HELGUERA

Hace unos días recibí la invitación de participar en esta edición de Libre en el Sur, y dado que el tema es “las cosas que están sin resolver”, me puse a pensar al respecto. Fracasé con todo éxito, querido lector, así que fui al baño a resolver, mejor, un asunto pendiente antes de que causara malos olores. Estaba sentado en el baño, en las cavilaciones que uno tiene cuando ve salir de su ser todo eso que de no hacerlo nos intoxicaría. Nos acabaría matando. Sí, observé entre mis piernas, sentado en el piso con la frustración de no poder arreglar la fuga del céspol del lavamanos, las piezas rotas y el pegamento derramado. Excretando esos pensamientos tuve una visión: para poder cerrar esas puertas, podría aprovechar mi ofrenda de Día de Muertos.

Podría poner una foto de los billetes que le di a un examigo que me mentó la madre como pretexto para no pagarme una remodelación que le estaba haciendo (incluso con un precio irrisorio para cubrir solo los gastos básicos). Aclaro —para que no piensen mal de mí—, los billetes se los di antes y eran para pagar una deuda a su exsuegra, pero se los robó y dijo que nunca se los di. ¿Cómo es posible que alguien en quien confías plenamente te robe, te insulte abiertamente y mancille tu nombre diciendo que tú robaste a otros a quien él tranzó? Lo más sorprendente es que mi equipo y yo, una semana antes de eso, nos encontramos a su padre, quien nos preguntó de la nada: “¿Ya tuvieron problemas de dinero con mi hijo?”. A lo que, sorprendidos, dijimos que no. Dan lástima estos seres; han de estar viviendo algo muy feo en el interior para hacer cosas así. Obviamente la foto no sería de él, sino de los billetes que pasaron a mejor vida.

También pondría la foto de la cordura de una pareja amiga, pues la locura sepultó la amistad de años de la manera más insólita: fuimos mi entonces mujer y yo a visitar a dicha pareja a la playa del Caribe mexicano. Ella le preguntó a la mujer de mi amigo, en un momento en que estaban solas, que si no quería entrar al baño porque el camino de regreso a casa sería nocturno y no convenía pararse a la mitad de la nada. Le contestó que no secamente, a lo cual le replicó profundizando que duraría una hora y media y todavía estaba a tiempo. La otra reaccionó muy agresiva, diciendo cosas como: “No me trates como si fuera una niña”, “Conozco perfecto mi cuerpo para saber si voy a ir al baño o no”; y mi ex se alejó diciendo que no iba a enfrascarse en una discusión por algo así. Llegó a tal grado el tema que, al siguiente día —evitando ser intoxicados por la locura galopante de ella y la manipulación a mi amigo (la noche anterior él, como nosotros, no entendía nada, pero ahora ya se había sumado a la agresión)—, cargamos nuestras maletas y nos fuimos, dejándoles un mensaje de agradecimiento por habernos recibido esos días.

No podría faltar una foto muy singular de dos personajes: la envidia negra y la envidia verde. Desde la adolescencia crecí con alguien que fue muy cercano por décadas y en quien, a pesar de haber visto desde el principio las envidias que me tenía, decidí confiar. Miren que a veces puedo ser bastante bruto. Me hizo una tras otra; quiso adjudicarse la autoría de mi obra escultórica, gráfica, eventos que yo viví, novias e incluso arquitectura. Hizo lo que pudo para hacerme ver menos y nunca lo logró, por lo que sus intentos fueron mermando su imagen y la relación. En vez de haber visto el gran complejo de inferioridad que vive, me puse de pechito por creerlo mi amigo.

Hay varias fotos más que podría poner en mi ofrenda, pero para este escrito ya son demasiados ejemplos; lo que sí les digo es que en la ofrenda no debemos olvidar los alimentos y bebidas, pero en este caso el chiste es que no se queden más de lo estrictamente necesario nuestras vivencias inconclusas. Pondría platillos con mucho chile, alcoholes de alto octanaje, pan de muerto con sal en vez de azúcar y agua sin pasar por el filtro. No es por vengativo, es nada más para asegurarme de que cada quien se quede de su lado. A todos los demás, les pondré veladoras por ser buenos lectores.

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