Ciudad de México, noviembre 1, 2026 07:57
Revista Digital Noviembre 2026

En cuenta regresiva

“Desencanto, decepción, indignación, son calificativos que nos han cercado sexenio a sexenio y hoy también, adicionado por una ineptitud nunca antes vista, así como corrupción e impunidad crecientes…”

POR ALEJANDRO ORDORICA SAAVEDRA

No ha existido y creo que no existirá una sociedad perfecta, y menos aún que algún día, aquí o en el mundo, alcancemos la condición de una utopía cumplida.

Si acaso, apenas son unas cuantas naciones las que en nuestros días han conseguido un aceptable desarrollo económico y social, aunque no exentas de carencias y desafíos. Esas, que incluso muestran oportunidades de educación y trabajo casi generalizadas para la población en su conjunto o han logrado un avanzado nivel de seguridad social, igual padecen elevados índices de alcoholismo o suicidios. No digamos ya, las que están sumidas en la pobreza, el atraso, la violencia o esclavizadas en el páramo de las dictaduras, sin libertades, sin justicia ni procesos democráticos.

En nuestro caso, si bien se han registrado avances históricos, no hemos conseguido aún desterrar diversas condiciones lacerantes, que hoy se ven agravadas, y hasta ciertos avances históricamente obtenidos han retrocedido. Un anhelo perdurable que se mira todavía lejano, en términos de emprender transformaciones culminantes hacia un sistema plenamente democrático, con una real división de poderes, libertades individuales y sociales, próspera, sin pobres ni analfabetas o desempleados, entre otras aspiraciones.

Una Patria, igualmente soñada por generaciones que nos antecedieron y lucharon por ella, y que desde mi niñez detectaba en las pláticas familiares, como también en la adolescencia, a través de mis maestras y maestros, o ya más consciente en los años de la universidad, como cuando rugió ese gigantesco volcán del movimiento estudiantil del 68, en el que junto a miles de compañeros, marché, grité, exigí, me rebelé, harto del autoritarismo, la corrupción, las trampas electorales, los abusos de la autoridad, su prepotencia e impunidad. Un parteaguas histórico que agrietó esas opresiones y fueron generando incipientes aperturas que luego evolucionaran en avances significativos, gracias a las diversas y resueltas movilizaciones de la sociedad civil. Tiempos en que formamos el grupo de “Comunicadores por la democracia” o bien en nuestra parcela territorial, actuando en las asociaciones vecinales, y participando en tantas marchas, proclamas, desplegados, así como en el campo partidista y del servicio público, como cuando decidimos Porfirio Muñoz Ledo, yo y un puñado de adherentes, conformar la agrupación política “Nueva República”, que retomaba banderas democráticas, incluyendo al PRD, a fin de que no admitiera cacicazgos o caudillismos en su interior, lo cual desembocó en nuestra separación de ese partido.

Situado en el presente y coincidiendo con la inconformidad de millones de ciudadanos, he atestiguado que los grandes propósitos de la Nación se han diluido y amenazan muchos de los logros que se habían obtenido en el ámbito de la democracia y las libertades -que implicaron enormes sacrificios, riesgos y múltiples acciones cívicas-, además de las lacras del crecimiento mediocre de la economía, caída de los niveles educativos, deterioro del sistema de salud, la falta de vivienda, la centralización asfixiante y desde luego la violencia e inseguridad imperantes, entre otros retrocesos.

Desencanto, decepción, indignación, son calificativos que nos han cercado sexenio a sexenio y hoy también, adicionado por una ineptitud nunca antes vista, así como corrupción e impunidad crecientes. Por eso, la gran asignatura del México actual con la que soñé y sueño es esa que convoca nuestra inmediata responsabilidad y a luchar por esas grandes metas, dentro y fuera de nuestro entorno individual, mediante una participación activa e irreversible en la ruta de del cambio. Salir de nueva cuenta a la calle, exigir y actuar para quitar a los ineptos y a los corruptos que nos desgobiernan y retan con sus afanes autocráticos. Pelear juntos por nuestros derechos, lo mismo en las empresas que en la industria, el campo, la escuela… Seguir los testimonios de las ejemplares movilizaciones y denuncias protagonizadas por las mujeres, contagiar a los jóvenes con esos valores, conseguir el voto mayoritario y dar un vuelco al sistema para recomponer la ruina institucional.

Esa insurgencia pacífica que ya ha empezado y debe acentuarse, a fin de pasar la primera prueba a la vista como son las elecciones del 2027. Mirar hacia adelante con acciones decisivas, valientes y eficaces que restituyan los poderes de la República. E Igual, que se corrijan tantos desvíos, errores y omisiones cometidos contra las instituciones, que ya existían y siguen reclamando una existencia mejorada. Ese es sí, mi pendiente mayor, mi compromiso y mi esperanza independientemente de publicar un par de libros más, lecturas aplazadas o expandir la convivencia familiar, de que cada vez seamos más los que coincidamos y frenemos el desastre actual, para aproximarnos a la grandeza que merece nuestro México y es posible.

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