Ciudad de México, febrero 23, 2026 14:54
Inseguridad Reporte especial Seguridad pública

CJNG: La mutación del imperio criminal tras la caída de Nemesio Oseguera

La muerte de El Mencho en Tapalpa desarticula la cúpula del CJNG, que la DEA y la CIA clasifican como la mayor amenaza logística transnacional.

Bajo la presión de la administración Trump y el viraje operativo de Claudia Sheinbaum, que contrasta con la de su antecesor, la organización enfrenta una fragmentación inminente y una guerra sucesoria.


STAFF/LIBRE EN EL SUR

El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el pasado domingo 22 de febrero de 2026 en la zona serrana de Tapalpa, Jalisco, marca el cierre de un ciclo de expansión criminal que no tiene paralelo en la historia moderna de México.

El operativo, ejecutado por unidades de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano en coordinación técnica con la DEA y la CIA, no solo elimina al líder fundacional del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino que pone a prueba la resiliencia de una estructura que el Departamento de Justicia de Estados Unidos califica como la corporación logística de sustancias ilícitas más avanzada y violenta del mundo.

A diferencia de la política de “Abrazos, no balazos” que caracterizó el sexenio de Andrés Manuel López Obrador —periodo en el que el CJNG se expandió de 14 a 28 entidades federativas ante la pasividad de las fuerzas federales y la elusión del enfrentamiento directo—, el tercer año de gobierno de Claudia Sheinbaum ha estado marcado por una creciente presión desde Washington.

La administración de Donald Trump, tras su regreso a la Casa Blanca, formalizó en 2025 la designación del CJNG como Organización Terrorista Extranjera (FTO). Esta medida facultó a las agencias estadounidenses para intervenir activos, comunicaciones y objetivos con una agresividad que superó los límites de la diplomacia tradicional, obligando al gabinete de seguridad mexicano a abandonar la inacción del pasado para evitar sanciones económicas y arancelarias masivas.

El CJNG no es una organización piramidal clásica; su éxito radica en una estructura de nodos interconectados con alta autonomía operativa. De acuerdo con el reporte National Drug Threat Assessment 2025 de la DEA, el cartel perfeccionó un modelo de “franquicias” criminales. Esta flexibilidad le permitió diversificar sus ingresos: mientras el núcleo central controla la importación de precursores químicos desde China e India a través de los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, las células regionales se financian mediante la extorsión sistemática, el robo de hidrocarburos y la incursión agresiva en la agroindustria, particularmente en la exportación de aguacate y limón en Michoacán.

Informes de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y del Departamento del Tesoro detallan que el brazo financiero de la organización, conocido como “Los Cuinis” (liderado por la familia González Valencia), logró blanquear capitales en sectores estratégicos.

Sus inversiones abarcan desde desarrollos inmobiliarios de lujo en la Riviera Maya y plazas comerciales en Guadalajara, hasta clínicas de cirugía estética y comercializadoras de tecnología en Asia y Europa.

Esta solidez financiera ha permitido al CJNG sostener una fuerza paramilitar, el Grupo Élite, dotado de vehículos con blindaje artesanal de alta resistencia, drones con capacidad de bombardeo remoto y armamento de grado militar que incluye fusiles Barrett .50, ametralladoras Browning y lanzagranadas RPG-7.

Un aspecto documentado por la CIA en sus informes de 2025 es la sofisticación técnica del CJNG en el uso de criptomonedas y comunicaciones encriptadas. El cartel ha desplazado a intermediarios tradicionales para negociar directamente con proveedores de precursores en Asia, utilizando stablecoins para evitar el rastreo bancario.

En el terreno operativo, el uso de minas terrestres antipersonales en Michoacán y el empleo de drones suicidas en Zacatecas y Guanajuato han obligado a la Sedena a replantear sus protocolos de patrullaje. Esta capacidad de fuego y tecnología fue la que permitió al cartel desafiar al Estado mexicano durante el sexenio anterior, aprovechando el vacío dejado por la retirada de operativos de alto impacto y la instrucción de no confrontar a los grupos delictivos.

El vacío de poder y la crisis sucesoria

La muerte de Oseguera Cervantes ocurre en un momento de vulnerabilidad interna ya detectada por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). La salud del capo, deteriorada por una insuficiencia renal crónica que lo obligaba a recibir diálisis en hospitales clandestinos, ya había generado fisuras entre sus lugartenientes. La expectativa de seguridad para el resto de 2026 se centra en la pugna entre tres figuras clave que representan distintas facciones del grupo:

  1. Juan Carlos Valencia González (El 03): Hijastro de Oseguera, quien cuenta con el respaldo financiero del clan de “Los Cuinis”. Su legitimidad es de sangre, pero su liderazgo es cuestionado por los jefes de plaza regionales que exigen mayor autonomía tras años de centralismo económico de la familia González Valencia.
  2. Audias Flores Silva (El Jardinero): Responsable de la zona del Pacífico y el control de laboratorios de fentanilo en Nayarit y Zacatecas. Es considerado el estratega con mayor capacidad de fuego y control sobre las rutas de exportación hacia Estados Unidos. Su perfil es puramente militarista y cuenta con la lealtad de las células de sicarios más experimentadas.
  3. Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán (El Sapo): Cerebro operativo en Puerto Vallarta y responsable del reclutamiento masivo. Se le atribuye la expansión del cartel hacia Centroamérica y el control de las aduanas en el sur del país. Su fuerza radica en la gestión logística y el control de puertos clave para el arribo de precursores.

Expectativas tras el operativo de Tapalpa

La inteligencia militar prevé una fragmentación en “señoríos” locales. Históricamente, la caída de un líder único en organizaciones de esta magnitud deriva en una atomización de la violencia, donde las células regionales se enfrentan por el control de las plazas. La actual administración federal ha desplegado a más de 60 mil efectivos de la Guardia Nacional y el Ejército en el corredor del Bajío para intentar contener los efectos de esta purga interna y la previsible embestida del Cártel de Sinaloa, que buscará recuperar terrenos perdidos durante la hegemonía de Jalisco.

Sin embargo, el desafío bajo la mirada de Washington es mayor. El gobierno de Donald Trump ha dejado claro que la muerte de El Mencho es solo el inicio de una nueva fase de cooperación forzosa; la exigencia ahora es el desmantelamiento total de la red logística y la extradición inmediata de los cuadros medios.

Para el gobierno de Claudia Sheinbaum, este evento representa un punto de inflexión histórico: al haber abandonado la inacción heredada del periodo de López Obrador, asume la responsabilidad y el costo de una confrontación abierta, en un intento por recuperar la soberanía territorial y cumplir con los compromisos de seguridad de la nueva era bilateral con Estados Unidos, donde el margen para la omisión ha desaparecido.

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