Ciudad de México, agosto 1, 2026 07:32
Revista Digital Agosto 2026

¿Qué significaba envejecer hace 100 años?

Aprovechemos esa ventaja para escuchar y valorar a nuestros mayores, porque para allá vamos todos.

Retrato de un hombre indígena de Oaxaca. Autor: Hugo Brehme, circa 1910

ADRIÁN CASASOLA

Una característica compartida en todas las culturas del mundo desde la antigüedad es el hecho de aquilatar la experiencia que aportaban aquellas personas quienes, por su edad, ya habían pasado por la guerra, la muerte y la pérdida, pero que también habían disfrutado de la vida, la familia y todo lo que conlleva vivir una cantidad considerable de años.

Nuestro país no ha sido ajeno a este proceder.

Retrato del Presidente Porfirio Díaz. Autor: Agustín V. Casasola, circa 1910

Tan solo con recordar a los sacerdotes de las culturas prehispánicas, los doctores y los ancianos que se reunían dentro de un temazcal para solucionar problemas entre los grupos indígenas de una región.

Ya más cercano a nuestros tiempos, todos los remedios caseros para curar nuestras dolencias y malestares se los debemos a “las recetas de la abuela”, que han ido difundiéndose de generación en generación.

Cocina típica de talavera en Santa Mónica, Puebla. Autor: Hugo Brehme, circa 1910

Del cuidado y atención de los bebés a la cura “milagrosa” de una diarrea o una migraña, en México podemos presumir de ser privilegiados en esta materia gracias a los más grandes en edad y experiencia.

Y qué decir de las recetas de platillos de nuestros antepasados, escritas a mano en un cuaderno con hojas amarillentas por el paso del tiempo, que conservan delicias detalladas con porciones y palabras que a veces no entendemos, como “sancochar”.

Si no me creen, pregunten a un chavo si sabe lo que es un “baño maría”.

Pensemos también en personajes clave de nuestra historia reciente como Benito Juárez o Porfirio Díaz, quienes vivieron mucho más que el promedio de vida de aquel entonces, que fluctuaba entre los veintiocho y los treinta años.

El primero murió a los sesenta y seis años y el segundo a los ochenta y cuatro, y no podemos imaginar cuánto hubiera cambiado la historia del país sin ellos, para bien o para mal.

La reflexión ahora es que debemos regresar, como sociedad, a valorar los consejos que nuestros amigos y familiares de la tercera edad nos dan, sugiriéndonos qué hacer y qué no hacer, pues ellos ya recorrieron esos caminos.

Pareja bailando el jarabe tapatío. Autor: Hugo Brehme, circa 1920

Debe existir en nuestra vida un equilibrio entre tomar nuestro propio rumbo de acuerdo con nuestras propias decisiones y escuchar lo que las personas con mayor edad y vivencias nos comparten.

¿Cuántas veces hemos renegado de algún consejo proveniente de nuestros padres y abuelos para, al paso de los años, reconocer que tuvieron toda la razón?

Somos afortunados porque, gracias a los adelantos de la medicina y al compromiso por vivir de forma más saludable, se ha elevado nuestro promedio de vida a más del doble.

Aprovechemos esa ventaja para escuchar y valorar a nuestros mayores, porque para allá vamos todos.

Estas y muchas más fotos las encuentras en Galería Casasola, en calle Benito Juárez 2D, San Ángel. Los esperamos.

Abuela enseñando a leer a sus nietos. Autor: Agustín V. Casasola, circa 1910

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