Del festejo al desencanto: el amargo sabor de Aleks Sintek en la alcaldía Benito Juárez
Aleks Syntek. Foto: Cuartoscuro
Nunca antes, en 26 años de gobiernos panistas en Benito Juárez, un Grito de Independencia había terminado envuelto en un escándalo semejante.
La alcaldía había tenido celebraciones mucho más afortunadas, como la encabezada por Santiago Taboada con Los Ángeles Azules, que se convirtió en una fiesta multitudinaria y celebrada por los vecinos.
Esta vez, Aleks Syntek transformó el escenario en una tribuna de reclamos y dejó a la administración de Luis Mendoza frente a una incómoda pregunta: cómo una de las noches emblemáticas del calendario de la alcaldía terminó convertida en un problema de imagen.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Lo que debía ser una noche de fiesta, arraigo popular y encuentro comunitario en la explanada de la alcaldía Benito Juárez terminó convertida en un episodio incómodo, en el que el artista contratado para animar la celebración acabó enfrentado con una parte de su público. Aleks Syntek, elegido como uno de los actos centrales de los festejos patrios del 15 de septiembre, convirtió buena parte de su presentación en una sucesión de reclamos hacia los asistentes y de reflexiones sobre la industria musical, el reguetón y las críticas que ha recibido a lo largo de los últimos años.
La alcaldía había convocado a una celebración familiar, con música, verbena y tradición, y posteriormente informó que más de 19 mil 400 personas participaron en los festejos, además de reportar saldo blanco. El problema, por tanto, no estuvo en la convocatoria ni en la seguridad de la jornada, sino en lo ocurrido sobre el escenario, donde el concierto fue adquiriendo un tono cada vez más alejado de la fiesta que los asistentes esperaban encontrar.
Cuando el público pidió otras canciones
El desencuentro comenzó cuando algunos asistentes empezaron a solicitar canciones de otros intérpretes, entre ellas temas de Juan Gabriel y Marco Antonio Solís, dos nombres particularmente vinculados con el repertorio popular mexicano. La respuesta de Syntek fue tajante: “Entre más me digas eso, menos voy a cantar”, dejando claro que se limitaría a interpretar su propio repertorio.
Hasta ese momento, el episodio podría haberse reducido a una diferencia entre un cantante y algunos integrantes de su audiencia. Sin embargo, conforme avanzó la presentación, las pausas entre canciones se convirtieron en espacios para que Syntek hablara de las críticas que ha recibido, de sus diferencias con la música urbana y de los ataques que, según ha contado en distintas ocasiones, ha enfrentado en redes sociales.
En uno de los momentos que más rápidamente circularon después en internet, el cantante reclamó incluso a los asistentes por no salir en su defensa: “Wey, ya defiéndanme… no me dejen ahí solo, carajo”. La frase resumió buena parte del desencuentro de aquella noche: mientras el público había acudido a una celebración patria, el artista parecía estar aprovechando el escenario para continuar una disputa que viene de tiempo atrás.
Syntek volvió a referirse a sus críticas al reguetón y cuestionó determinadas expresiones de la música urbana. También hizo comentarios dirigidos a los jóvenes y, de acuerdo con los videos difundidos posteriormente, llegó a pedirles que no se “vistieran como malandros”. En otro momento ofreció 10 mil pesos a quien pudiera explicarle por qué, desde su perspectiva, los músicos mexicanos reciben menos apoyo que otros artistas.
El resultado fue una presentación en la que la conversación terminó ocupando un espacio considerable que normalmente corresponde a la música. Hubo aplausos, pero también reclamos y abucheos, según los distintos registros que circularon después del concierto, mientras algunos asistentes optaron por retirarse antes de que concluyera.
Una fiesta que terminó hablando de otra cosa
El problema fundamental fue de expectativas. Quienes acudieron a la explanada de Benito Juárez lo hicieron para celebrar el 15 de septiembre, convivir con sus familias y escuchar música. No habían comprado un boleto para asistir a una conferencia sobre la industria discográfica ni habían llegado para participar en las batallas personales de un artista con sus críticos.
Syntek, por su parte, decidió utilizar el espacio para expresar una serie de inconformidades que forman parte de su discurso público desde hace años. Puede hacerlo, desde luego, y nadie puede anticipar ni controlar cada palabra que un artista pronunciará una vez que tiene el micrófono. Pero la elección del artista y el contexto en el que se presenta sí son responsabilidad de quienes organizan una celebración pública.
Ahí es donde el episodio deja de ser solamente una anécdota de un concierto desafortunado y adquiere una dimensión política y administrativa.
Luis Mendoza no puede asumir como propios los dislates, desplantes o excesos de un artista durante su presentación. Aleks Syntek es responsable de lo que dijo y de la manera en que decidió conducir su concierto, y sería injusto atribuir al alcalde cada una de las expresiones que salieron del escenario.
Pero una cosa distinta corresponde a la administración: explicar bajo qué criterios se decidió contratarlo como uno de los actos centrales de una de las celebraciones públicas más importantes del año. La pregunta no es si el alcalde podía anticipar cada frase que pronunciaría el cantante, sino por qué se consideró que su perfil era el adecuado para una noche cuya finalidad era reunir a los vecinos en torno a una celebración popular.
La responsabilidad pública no consiste en controlar al artista una vez que sube al escenario, pero sí en responder por las decisiones que llevaron a colocarlo allí. Si el criterio fue contratar a una figura con trayectoria y reconocimiento, la administración debería explicar qué elementos se consideraron para determinar que Syntek era la mejor opción para ese contexto, así como qué otros perfiles fueron evaluados.
La pregunta adquiere mayor relevancia porque Benito Juárez lleva 26 años de gobiernos panistas y los festejos patrios se han convertido, durante ese periodo, en una de las principales vitrinas públicas de las administraciones de la demarcación. En ese largo periodo no se había producido, al menos de manera pública y con esta dimensión, un episodio en el que el artista central terminara enfrentado con una parte de los asistentes y protagonizando una polémica que se extendiera durante los días siguientes.
Cuando Los Ángeles Azules sí hicieron fiesta
La comparación con administraciones anteriores resulta inevitable. Durante el gobierno de Santiago Taboada, por ejemplo, la participación de Los Ángeles Azules convirtió el festejo patrio en una celebración de fuerte convocatoria y amplia identificación popular. La presentación funcionó precisamente porque el repertorio del grupo está asociado con una fiesta intergeneracional, en la que distintas edades encuentran canciones conocidas y un motivo común para bailar y cantar.
Aquella experiencia se convirtió en uno de esos eventos que ayudan a una administración a construir una percepción positiva de su capacidad para organizar espectáculos masivos. Esta vez, en cambio, la elección fue distinta y el resultado terminó siendo también muy diferente.
No se trata de afirmar que un artista deba aceptar cualquier petición del público ni de reducir una contratación a su capacidad para producir una fiesta multitudinaria. Se trata de entender que una celebración pública tiene un contexto específico y que el perfil del artista forma parte de la planeación del evento. En una noche como la del 15 de septiembre, esa consideración adquiere todavía mayor importancia.
¿Cuánto costó la contratación?
A la polémica se suma otra pregunta que la alcaldía tampoco ha respondido públicamente con claridad: cuánto costó la contratación de Aleks Syntek y qué otros gastos se generaron alrededor de su presentación.
Que el concierto haya sido gratuito para los asistentes no significa que haya sido gratuito para el erario. El gobierno local debería transparentar el contrato correspondiente, el monto pagado al artista y, en su caso, los gastos relacionados con producción, escenario, sonido, iluminación, logística y operación del espectáculo.
Después del concierto comenzaron a circular en redes sociales versiones que ubicaban el costo de un espectáculo de Syntek entre 1.5 y 2.2 millones de pesos. Esas cifras, sin embargo, no deben presentarse como el costo de la contratación realizada por Benito Juárez mientras no exista un documento oficial que lo confirme.
Sí existe un antecedente que permite dimensionar el tipo de contratación: en 2018, un espectáculo de Aleks Syntek en el Festival Internacional Chihuahua tuvo un costo reportado de alrededor de 1.5 millones de pesos. Pero se trató de otro evento, otra administración y otro año, por lo que ese dato no puede trasladarse automáticamente a la celebración de Benito Juárez en 2026.
Precisamente por eso, lo que corresponde ahora es conocer el dato real. La alcaldía no tiene que responder por las palabras del cantante, pero sí debe explicar cuánto costó contratarlo y por qué se consideró que era la opción adecuada para encabezar el espectáculo.
Si la decisión respondió a la trayectoria del artista, a su disponibilidad, a una negociación económica favorable o a cualquier otro criterio, sería conveniente que la administración lo hiciera público. No porque un gobierno pueda garantizar que un artista se comportará de determinada manera frente a miles de personas, sino porque los ciudadanos tienen derecho a conocer cómo se toman las decisiones que implican el uso de recursos públicos.
La transparencia de una contratación no termina cuando comienza el concierto. En realidad, adquiere mayor importancia después, cuando la sociedad puede evaluar si el gasto realizado correspondió con los objetivos planteados y si el espectáculo cumplió con las expectativas de la administración y de los vecinos.
En este caso, la polémica no invalida por sí misma la contratación ni convierte automáticamente el gasto en un desperdicio. Pero sí hace razonable preguntar cuáles fueron los criterios que llevaron a elegir a Syntek, cuánto se pagó y qué evaluación hizo la alcaldía del resultado.
El espectáculo después del espectáculo
La polémica no terminó cuando Syntek abandonó el escenario. Los videos comenzaron a multiplicarse en TikTok, X, Facebook e Instagram, y algunas de las frases pronunciadas durante el concierto se separaron rápidamente de su contexto para convertirse en piezas de contenido viral.
La periodista Susana Moscatel abordó el episodio en su columna Estado fallido, bajo el título La mercancía de la caída, y puso el foco en la manera en que las redes sociales convierten los tropiezos y momentos de vulnerabilidad de las figuras públicas en productos de consumo inmediato.
La paradoja es que el propio Syntek ha cuestionado repetidamente la manera en que las redes sociales amplifican las críticas en su contra. Sin embargo, fueron precisamente esas plataformas las que terminaron multiplicando cada reclamo, cada discusión y cada momento incómodo de su presentación en Benito Juárez.
En cuestión de horas, el concierto dejó de ser un episodio local para convertirse en una conversación nacional sobre el cantante. La celebración de la alcaldía quedó entonces relegada a un segundo plano y el nombre de Benito Juárez comenzó a aparecer asociado a una polémica que difícilmente estaba contemplada en el guion original de la noche.
Después de la controversia, el cantante respondió a través de sus redes sociales y pidió a sus seguidores que no se preocuparan por él. También aseguró que “el tiempo me dará la razón” y habló de dejar pasar “el ruido y la tormenta”, al tiempo que insistió en que sus preocupaciones estaban relacionadas con la situación de la música mexicana y con la necesidad de apoyar a los jóvenes artistas.
La explicación no consiguió cerrar la polémica. Para entonces, la discusión ya había dejado de centrarse exclusivamente en lo que ocurrió durante el concierto y había comenzado a involucrar la pertinencia de la contratación, el uso de recursos públicos y la manera en que una administración debe planear sus espectáculos.
La noche del 15 de septiembre no terminó en Benito Juárez con una crisis de seguridad ni con un fracaso de convocatoria. La alcaldía reportó saldo blanco y una asistencia superior a 19 mil 400 personas, datos que muestran que la celebración sí consiguió reunir a una cantidad importante de vecinos.
Lo que quedó en entredicho fue otra cosa: la elección del espectáculo central y la manera en que éste terminó desarrollándose. Durante años, los gobiernos panistas de Benito Juárez habían utilizado los festejos patrios como una de sus grandes vitrinas públicas. La celebración con Los Ángeles Azules durante la administración de Santiago Taboada es un ejemplo de cómo un concierto puede terminar reforzando la imagen de una administración cuando existe una identificación clara entre el artista, el público y el carácter de la fiesta.
Esta vez ocurrió lo contrario. Syntek tendrá que responder por sus propias palabras y por la manera en que decidió conducirse frente a los asistentes. Luis Mendoza y su administración tienen que responder por otra cosa: por qué lo contrataron, cuánto costó y qué criterios utilizaron para elegirlo.
Son responsabilidades distintas, pero forman parte de la misma historia. Porque una administración no puede controlar lo que un artista dice frente al micrófono, pero sí puede y debe explicar por qué decidió ponerlo frente al micrófono en una de las noches públicas más importantes del año.

















