DAR LA VUELTA / Ponernos la camiseta
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Entre el mercado y la identidad: La camiseta de la selección como un símbolo que hermana temporalmente a la sociedad mexicana, evidenciando tanto su fervor como su estratificación social.
POR ANA CECILIA TERRAZAS
Ya hace algunos días que terminó la pausa mundialista y, entre las cosas más impresionantes ocurridas estuvieron, como siempre, los festejos que uniformaron a la mexicanidad. Se trató de la “igualdad sustantiva” acreditada con camiseta tricolor, si bien hasta “en las camisetas” existen diferencias de precios y materiales. Porque eso sí, no son lo mismo las que se venden en las esquinas que las camisetas todo poliéster-rayón. Sin embargo, lo relevante es que, ponernos la camiseta, estar adentro de ese trozo de tela igualadora, se convierte en el boleto de entrada a una comunidad efímera que, al menos por un día, una temporada o un partido, decide empujar las preocupaciones diarias para habitar una misma y compartida ilusión, así como hermanarse en un ejército de buscadores de alegrías.
El mercado de las camisetas, por supuesto, conoce bien la fuerza de ese fetiche. Las opciones para vestir el fervor patrio son tan diversas como nuestra propia estratificación social: desde las prendas oficiales con tecnología de jugador que en los aparadores comerciales rozan los 2 mil 600 o 2 mil 800 pesos, pasando por las réplicas estándar de mil y cacho, hasta llegar a las fieles y aguantadoras versiones de tianguis que se consiguen en los puestos callejeros por 250 o 300 pesos.
Lo importante es que, pertenecer a un equipo, al fin y al cabo, nos aporta una inmediata identidad; en este caso, ese arraigo es el sentido patrio y patriótico (hasta patriotero), que conocemos a la perfección porque nuestra cultura así viene teñida, como ya lo decía Samuel Ramos y lo refraseó Octavio Paz. La humanidad mexicana convertida en un todo amalgamado en verde opera, además, bajo la gramática comunitaria de nuestra compleja relación con el éxito, la pasión y la fiesta.
Dar la vuelta todos vestidos y vestidas iguales resulta interesante, comunista y comunionista, igualador, simpático. Si las prendas y el vestir son la primera forma de comunicarnos hacia el exterior, la camiseta del tri manda el mensaje exacto, simple y directo: le apostamos a México y queremos que gane, y eso, a últimas fechas, es un bien escaso que, ahora que terminó el Mundial, vamos a extrañar.















